El "golombiao", un deporte inspirado en el fútbol en el que gana no el que meta más goles sino el que mejor cumpla con las reglas de convivencia, ya ha cautivado a 60.000 niños y niñas colombianos y puede dar el salto a otros países.

No es solo fútbol, es una estrategia que "nos permite a los jóvenes y a los niños participar activamente bajo el principio de la convivencia", afirma con convicción Carolina Castañeda, de 12 años.

Carolina, integrante de uno de los equipos que esta semana disputó un partido de "golombiao" en Soacha (sur de Bogotá), lleva un año y medio vinculada a esta iniciativa del Gobierno colombiano y de Unicef, la agencia de la ONU para la infancia.

Más de 140 municipios de Colombia, un país que desde hace más de 50 años vive un cruento conflicto armado del que no están exentos los niños y jóvenes, en muchos casos combatientes a la fuerza, han sido ya escenario de partidos de "golombiao".

Esto "ha servido para disminuir el reclutamiento forzado (por parte de organizaciones guerrilleras) y prevenir el embarazo adolescente", destacó a Efe el director del programa gubernamental Colombia Joven, Gabriel Gómez.

Desde 2003 el Gobierno colombiano, a través del Programa Presidencial para el Sistema Nacional de Juventud, Colombia Joven, trabaja en el "golombiao", que entre sus particularidades tiene la de que los equipos deben ser mixtos y que antes del partido deben definir los valores que regirán el juego.

El balón solo rueda después de convenir los nombres de los equipos y de que cada uno de ellos escoja uno entre los siete valores que el "golombiao" promueve: la no violencia, la no discriminación, la participación activa, el cuidado del entorno, la libertad de expresión, la igualdad y el cuidarse a uno mismo y al otro.

Una de las reglas que más chocan sobre todo a los jugadores masculinos es que sus goles no cuentan hasta que una de las jugadoras anote.

Este canon inviolable le ha ayudado a Christian Oliveros, de 15 años, a llevarse mejor con las mujeres, cuando antes solo se "juntaba con hombres".

"Al principio no creí que fuera bueno jugar con los hombres porque eran muy patanes jugando, pero eso ha cambiado y ahora son más respetuosos", opina Carolina.

La unión familiar ha salido también beneficiada del "golombiao". Blanca ha apoyado a sus dos hijos para que puedan jugar con constancia, ya que ha visto que gracias a ello "han mejorado en el estudio, la convivencia con la familia, con el compromiso en la casa, en el colegio y en la comunidad misma", sostiene.

"Cuando se rompe una regla, el otro equipo lo evalúa y le baja puntos por eso", resalta Christian.

A pesar de que todos quieren ganar, "el equipo contrario no lo ve a uno como un rival, sino como un amigo más. Uno se puede caer, le dan la mano y le piden disculpas", dice Carolina.

Los efectos del "golombiao" en niños como Carolina y Christian ya están siendo estudiados por expertos internacionales.

El director de comunicaciones para América Latina de Unicef, Andrés López, viajó esta semana desde Panamá, donde está la oficina regional del organismo, para conocer y participar de la iniciativa.

Esta es "una actividad muy participativa en la que todos estamos en condiciones de igualdad y esto no es nada fácil de conseguir en entornos distintos a este", manifiesta López a Efe.

López integró uno de los equipos que jugaron el 12 de julio en el barrio Altos de la Florida de Soacha, un municipio de la periferia bogotana donde residen unas 30.000 personas "desplazadas", como se conoce a los obligados a abandonar sus casas debido a la violencia, según cifras de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito.

Este es "uno de los buenos ejemplos que hay en la región. A mi sí me gustaría llevarlo a otros países", asegura López.

El "golombiao" no culmina cuando el cronometro marca el tiempo límite. Cada equipo debe certificar que su contrincante ha respetado los acuerdos de convivencia y ahí, según considera López, radica la ventaja de este proyecto frente a los de otros países.

Sin importar los goles, el marcador lo decreta el respeto entre todos los jugadores de un partido que siempre finalizan con un fuerte apretón de manos.

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Juan David Mosos