El quinteto argentino Les Luthiers propone en "Lutherapia", su último espectáculo internacional, que volverá a España en septiembre, aliviar la crisis con una sesión de "dos horas para morirse de risa, pensar en cosas lindas y olvidarse de todo lo demás".

En una entrevista con Efe, sus cinco integrantes -Carlos Núñez, Marcos Mundstock, Carlos López Puccio, Jorge Maronna y Daniel Rabinovich- defienden el uso "de materiales más nobles de lo habitual" en sus montajes, en los que descartan los "chistes de calvos, de bajitos o de alguien que se cae" porque "con giros mínimos de palabras obtenemos las mismas risas que un tipo que pisa mierda", explica Rabinovich.

Les Luthiers lleva 45 años arrancando carcajadas con un cóctel desternillante de humor inteligente y música en escenarios de su Argentina natal y del mundo hispanohablante, en el que España ocupa un lugar especial.

"Nosotros vivimos la mitad del tiempo aquí y la otra mitad allá. España es nuestra segunda patria", destaca Mundstock, el locutor del grupo, y pone en duda que el reciente conflicto institucional entre España y Argentina por la expropiación de la petrolera YPF al grupo español Repsol tenga consecuencias.

"Por el momento parece ser una cosa medio frívola, que no tiene que ver con las relaciones más profundas y menos con la gente", explica.

Como argentinos, los integrantes de Les Luthiers están vacunados contra las crisis tras el "crack" económico de 2001 y niegan que este tipo de situaciones favorezca la creatividad, una teoría que califican como un "invento romántico".

"La crisis no favorece nada, uno está de malhumor, trabaja a desgana... Vivir en crisis no es el mejor estado para trabajar, ni para crear ni para nada", afirma con semblante serio López Puccio, el director de orquesta del quinteto.

A lo largo de estas cuatro décadas, Les Luthiers se ha ganado un público fiel, que llena los teatros allí donde van, pero admite que en los últimos años mucha gente, sobre todo jóvenes, se ha acercado a ellos gracias a internet, y son ya mayoría porque "el teatro, por definición, es un lugar pequeño, mientras que Internet es inmenso", argumenta Rabinovich.

Sin embargo, acto seguido matiza que ver un espectáculo de humor en directo o en vídeo "son dos experiencias completamente distintas" ya que, por más que "viendo un vídeo te mueras de risa" no es comparable a la "fiesta de ver a los actores sudando a diez metros de ti y con gente riendo alrededor".

Su popularidad en la red provoca que parte del auditorio "anticipe los chistes y se ría antes de tiempo", pero les ha permitido superar un viejo miedo, el que les hacía creer que si el espectador conocía el gag, no se divertiría.

Tanto es así que el montaje más reciente, "Chist", que triunfa en Buenos Aires y aún no se ha estrenado en España, es una antología en la que recuperan obras tan populares como "La Comisión", integrada por políticos corruptos decididos a modificar el himno nacional según sus intereses.

Les Luthiers ideó "La Comisión" en los años noventa, marcados en Argentina por las políticas neoliberales de Carlos Menem, pero el cambio de rumbo político del país no ha disminuido las carcajadas con las que es acogida cada frase.

Una de las claves de que sus espectáculos resistan el paso del tiempo es que no se inspiran en la actualidad, sino en aspectos más universales, que hacen que su "humor sea atemporal, tenga una cierta "eternidad", explica López Puccio.

Rabinovich revela otro secreto, el que les hace permanecer juntos: "Se trata de hacer lo que a uno le da mucho placer, porque entonces quiere seguir haciéndolo. Y a nosotros lo que nos gusta mucho es exactamente esto, crear espectáculos de música y humor y representarlos sobre un escenario".

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Por Mar Centenera