Crease o no, la crisis financiera que estalló en 2008 no ha inhibido el envío de remesas de los inmigrantes a sus hogares ni ha provocado el retorno masivo a sus países de origen, según el Banco Mundial. Tampoco ha inhibido a aquellos que buscan nuevos horizontes, más allá de la retórica contra los extranjeros pregonada en los Estados Unidos y Europa. En todo el mundo, más de 215 millones de personas viven fuera de sus países de nacimiento y más de 700 millones migran dentro de sus países. En los países en desarrollo, como buena parte de los latinoamericanos, las remesas representan el dos por ciento del producto bruto interno (PBI), porción que trepa al seis por ciento en algunos de ellos.

En 2010, las remesas globales se recuperaron hasta alcanzar 325.000 millones de dólares. Era el monto previo a la crisis de 2008; habían bajado a 307.000 millones en 2009. Está previsto que los flujos suban hasta casi 400.000 millones, este año, a pesar de las penurias económicas de los países desarrollados en los cuales trabajan los inmigrantes que, con sus aportes, sostienen a los suyos en sus terruños. Se trata de un incremento del 12,1 por ciento respecto de 2010 frente a un crecimiento de apenas un 1,6 por ciento de la economía de los países centrales. ¿Cómo lo hicieron? Esa es la cuestión: torearon mejor la crisis que los gobiernos. Es sorprendente.

Lo ha dicho el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD): los inmigrantes, lejos de quitar empleos y reducir salarios, dan más de lo que reciben y, a su vez, están mejor preparados que los nativos para enfrentar tiempos difíciles. El flujo más importante del planeta se da de América latina y el Caribe a los Estados Unidos a pesar de leyes restrictivas como la aplicada en Arizona. De Costa Rica, Honduras, México, Nicaragua y Panamá parten los mayores contingentes. En la región, a su vez, el 13,4 por ciento se traslada de un país a otro; son los casos de la Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Paraguay y Uruguay. El 10,3 por ciento va a Europa.

Los inmigrantes pudieron haber mitigado los efectos más dolorosos de la crisis por su penosa disposición a trabajar por salarios más bajos, recibir menos beneficios y depender poco y nada del Estado, según el libro “Migration and Remittances during the Global Financial Crisis and Beyond (Migración y remesas durante la crisis financiera mundial y después)”, de Dilip Ratha, Ibrahim Sirkeci y Jeffrey Cohen. Pudieron haber empeorado las condiciones en los países de destino, sobre todo en los europeos, pero, excepto en 2009, no cayeron en forma significativa las remesas en comparación con otros movimientos de capitales.

En los Estados Unidos, Arabia Saudita, Rusia, Suiza y España se originan los mayores envíos de remesas. Son sus principales receptores la India, China, México, Filipinas y Egipto. El ritmo, más allá de los coletazos de la economía, no está en vías de decrecer. Para 2014, el Banco Mundial estima que alcanzarán los 467.000 millones de dólares. Eso representa un incremento del siete al ocho por ciento anual en tanto las restricciones para los inmigrantes no se agudicen aún más ni se impongan las medidas discriminatorias que, en ocasiones, son implantadas por los gobiernos para aplacar las iras de los ciudadanos de sus propios países.

La mayor parte de los recursos surgidos de las remesas es utilizada para manutención familiar y compra de bienes de consumo. “Contrariamente a las expectativas, no descubrimos evidencia alguna de retorno de inmigrantes, incluso cuando la crisis financiera redujo las oportunidades de empleo en los Estados Unidos y Europa y pese a que en este continente muchos países ofrecen incentivos económicos para estimularlos a volver a sus países”, dijo Sirkeci, profesor de estudios transnacionales y marketing en Regent’s College, de Londres; es uno de los autores del libro, patrocinado por el Banco Mundial.

La migración pudo ser una respuesta estratégica a la crisis que, como una catástrofe política o ambiental, provocó ásperas reacciones contra a los extranjeros. La resistencia a la diversificación en los países receptores no pudo con ella. Desde los Estados Unidos hubo una merma transitoria en las remesas, con impactos severos en México y El Salvador, donde las ciudades recibieron mayores flujos internos de gente joven proveniente del campo, pero nada indica que el Norte no siga siendo el Norte. En 2011, según Wells Fargo, el cuarto banco más grande de los Estados Unidos, crecieron los envíos de remesas hacia la República Dominicana, El Salvador, México, Ecuador, Perú y Nicaragua.

La remesa promedio ronda los 280 dólares. Los inmigrantes latinoamericanos y caribeños representan un 13 por ciento del total mundial, bastante más que el promedio general, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal). En España, el idioma facilita la inserción. En los Estados Unidos, la relativa cercanía facilita el traslado y la posibilidad de reunirse con sus familias, aunque en el camino los inmigrantes deban eludir obstáculos muchas veces insalvables y en el destino enfrenten hostilidades de todo tipo. El ansia de superación jamás tuvo límites ni respetó fronteras.

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