El exvicepresidente estadounidense Dick Cheney alabó la figura del aspirante republicano a la presidencia, Mitt Romney, en un evento de recaudación en el que advirtió que, si volviera a ocurrir "una gran sorpresa" como los atentados del 11 septiembre de 2011, sería necesario un líder fuerte.

Según detalles revelados hoy por la cadena NBC, Cheney, mano derecha de George W. Bush durante sus ocho años de mandato, consiguió en este restringido evento del jueves por la noche en el estado de Wyoming una recaudación de más de 4 millones de dólares para la campaña de Romney.

Cheney apeló a la necesidad de liderazgo en situaciones difíciles para ensalzar la figura de Romney, que con toda seguridad se convertirá en candidato oficial republicano en la convención del partido de finales de agosto.

"Tarde o temprano va a haber una gran sorpresa. Normalmente es una muy desagradable, tanto si es un 11 de septiembre u otros tipo de dificultades o crisis, siempre llegan. En esos momentos es cuando se revela qué tipo de líder es tu presidente", aseguró Cheney, uno de los arquitectos de la respuesta a los atentados de 2001, los más graves de la historia del país.

El exvicepresidente consideró que el hombre adecuado para ocupar el Despacho Oval es Mitt Romney, un líder para "tomar decisiones clave, decisiones de vida o muerte, algunas de ellas como Comandante en Jefe que tiene la responsabilidad de mandar a nuestros jóvenes al camino duro".

Romney, que se ha intentado desvincular durante su campaña de los años de George W. Bush, agradeció los cumplidos y alabó la "agenda de libertad" de aquella administración en una conversación con los alrededor de 500 donantes invitados al evento.

El exgobernador de Massachusetts, que está acortando rápidamente la distancia en recaudación para su campaña, aseguró que Barack Obama "ya no tiene toque, se ha quedado sin excusas y sin ideas y tenemos que asegurarnos en noviembre de que los sacamos de la presidencia".

Este evento de recaudación, al que muchos invitados llegaron vestidos al mejor estilo del oeste, con botas y sombreros de "cowboy", devuelve a Cheney a un papel más activo en política, tan solo cuatro meses después de que se sometiera a un delicado trasplante de corazón.