Para sorpresa de muchos fumadores habituales en pipas de agua, las autoridades de Pakistán han declarado la guerra a la tradicional 'shisha', una costumbre en auge en terrazas y cafeterías del país asiático.

La salud pública es la razón que esgrimen varios responsables municipales, que se remiten a una normativa de hace diez años que prohíbe el uso de tabaco en locales públicos, pero la causa del súbito afán de las autoridades parece un poco borrosa.

"Empezaron a detectar que se servía a menores y, sobre todo, que algunos empezaban a mezclar drogas a la hora de fumar sus pipas, pero la estrategia de cerrar cafeterías es errónea", dice Zahid, propietario de un céntrico y exitoso establecimiento en Islamabad.

"En realidad en terrazas como la mía es fácil controlar que no se venda a menores o que no se usen drogas o alcohol (cuya venta a paquistaníes está prohibida). Cerrarnos es la mejor manera de llevar a la gente a hacer todo eso en casa", abunda Zahid.

Un grupo de jóvenes disfrutan una pipa de agua en una terraza de Islamabad y se muestran a la vez extrañados y críticos con el celo policial por acabar con una de las pocas diversiones legales que tiene disponibles la noche en Pakistán.

"Está bien que se lo prohíban a los menores, pero perseguir la 'shisha' porque sí es una tontería, hay cosas mucho más importantes aunque seguro que tienen una razón inconfesable para hacer esto", dice Afzal entre calada y calada.

"Es sólo una cuestión de salud pública y nos estamos limitando a cumplir la ley", afirma a Efe el comisionado jefe de Islamabad, Tariq Mehmud, quien reconoce que la ordenanza anti-tabaco quedó durante años en segundo plano a la hora de hacerse cumplir.

"Se quedó en el asiento de atrás", afirma Mehmud, cuyo cargo es equiparable al de alcalde de la capital del país.

Lo cierto es que junto a las preocupaciones de salud pública, las autoridades han reconocido que hay cuestiones como el consumo asociado de estupefacientes y otras más delicadas de tipo moral que tienen que ver con el ambiente de algunos establecimientos.

Para muchas parejas jóvenes, a veces muy jóvenes, la oscuridad y el anonimato que ofrecen algunos "shisha-cafés" los convierte en punto de encuentro ideal, lo cual choca con la rígida moral local y ha provocado quejas de padres preocupados por el honor de sus hijas.

"Es verdad que para buena parte de los paquistaníes aún es un problema que chicos y chicas se diviertan juntos", admite Mehmud, aunque matiza que los prejuicios son mayores en las capas bajas de la sociedad, que no suelen ir a estas cafeterías.

Las multas para los infractores son de 1.000 rupias (unos diez dólares), pero se multiplican sensiblemente para los reincidentes -hasta las 100.000 rupias o mil dólares- y la normativa incluso prevé penas leves de prisión.

"Hemos empezado una especie de juego del gato y el ratón con establecimientos infractores", dice a Efe un responsable municipal de la ciudad oriental de Lahore, Amin Mengal, quien recalca que no van a parar "hasta eliminar estos negocios en la ciudad".

Hace mes y medio, se anunció que se iba a estrechar el cerco sobre el uso de tabaco en público, pero las redadas se han centrado exclusivamente en cafeterías y restaurantes de barrios de clase media o alta, que habitualmente ofrecen 'shisha'.

Ciudades como Islamabad o Lahore han visto medio centenar de intervenciones policiales en las últimas semanas y, aunque durante unos días se hizo muy difícil encontrar locales que sirvieran pipa de agua, en los días recientes han vuelto a florecer.

Un empresario de hostelería de Islamabad desliza que con "una pequeña ayuda económica" la policía es más indulgente.

El comisionado Mehmud dice que sus agentes son inflexibles con cualquier infractor e incluso confiesa que ha recibido decenas de llamadas de amigos -"algunos ahora lo han dejado de ser"- pidiendo que mire para otro lado.