La principal central sindical de Argentina formalizó el jueves su fractura al reelegir al líder camionero Hugo Moyano como secretario general en una votación no reconocida por varios gremios que le cuestionan su actitud combativa hacia el gobierno de Cristina Fernández.

Moyano encabezará la Confederación General del Trabajo (CGT) por un tercer período de cuatro años, un hecho inédito en la historia de esa organización gremial fundada en 1930, y que desde los años 40 es dirigida de manera ininterrumpida por el peronismo.

"Hoy va a quedar en las páginas de la historia del movimiento obrero organizado como un día sumamente especial... Jamás en la historia, con gobiernos militares, civiles, etcétera, se trató de incidir como ahora en las organizaciones gremiales", dijo Moyano a sus seguidores tras obtener la reelección con el apoyo de más de 1.000 congresales de distintos gremios.

La elección de la CGT realizada en el club Ferro Carril Oeste de esta capital se produjo en un momento de máxima tensión entre la presidenta Fernández y Moyano, antaño su fiel aliado, pero que ahora asumió un discurso de tono opositor porque, según el sindicalista, el gobierno no atiende su reclamo de mejora del poder adquisitivo de los trabajadores ante una inflación anual de 25%.

La validez de la votación de este jueves está en discusión porque días atrás el Ministerio de Trabajo impugnó el Congreso de la CGT debido a supuestas irregularidades en la convocatoria. Al mismo tiempo, los dirigentes de otros gremios poderosos como construcción, metalúrgicos, automotores y comercio, que también forman parte de la central obrera, no reconocen el liderazgo de Moyano ni comparten su enemistad con el gobierno y realizarán la elección de su propio secretario general el 3 de octubre.

Moyano responsabilizó al gobierno por la actual división de la Confederación General del Trabajo, que no es la primera en la historia de esa poderosa organización gremial.

Una de las disputas internas más recordadas dentro de la Confederación General del Trabajo fue a fines de la década de 1960 entre un sector que defendía una postura dialoguista con la dictadura de ese entonces y otro que apostaba por la confrontación.

En 1991, bajo el gobierno del también peronista Carlos Menem, un grupo de sindicatos abandonó la CGT y fundó la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) en rechazo a la política económica de tinte neoliberal.

"Ningún gobierno que se crea peronista puede atacar al movimiento obrero organizado", aseguró Moyano, y en tono desafiante amenazó: "Si no hay respuestas tendremos que repensar el futuro voto que vamos a hacer el año que viene (en las elecciones legislativas del 2013). No podemos votar a quien desprecie a los trabajadores".

La clase obrera fue uno de los pilares de la reelección de Fernández en octubre pasado con el 54% de los votos.

Para el analista Rosendo Fraga, de la consultora Nueva Mayoría, "una CGT más dividida que antes, en momentos que la economía se frena, hará más difícil y no más fácil el manejo del conflicto social y esto es lo que temen sectores empresarios".

Si bien el liderazgo de Moyano no es reconocido por todo el movimiento sindical, cuenta con un arma de presión fundamental como jefe del sindicato de choferes de camiones. Semanas atrás una huelga de esa organización causó desabastecimiento de combustible en todo el país.

"En la medida en que los problemas sociales y económicos se incrementen en las próximas semanas por el freno de la economía, Moyano encontrará más espacios para su rol opositor", agregó Fraga.