Un brote de cólera agrava aun mas los insostenibles niveles de malnutrición infantil en los países del Sahel, asediados por la hambruna y por el flujo de los refugiados que huyen de la violencia y la inestabilidad política en Mali.

Así lo advirtieron hoy en rueda de prensa tres agencias humanitarias de Naciones Unidas que alertaron de las potenciales devastadoras consecuencias de una situación que se degradada día a día.

En lo que llevamos de año 700 personas murieron por cólera en el Sahel, y 29.000 casos fueron registrados.

Sólo en una semana, se detectaron en el norte de Mali 34 casos de cólera, muchos de ellos niños, de los cuales dos fallecieron, alertó Unicef.

Pero la mayoría de los casos se han registrado en Níger, donde el Ministerio de Salud ha detectado tres veces más casos de cólera en el primer semestre del año que en el mismo periodo en 2011.

Una situación que no hace más que agravar el estado de emergencia que vive el país, con 400.000 niños sufriendo malnutrición severa.

El cólera es endémico en esta región pero estaba controlado hasta hace unos años, cuando resurgió la epidemia, que sólo el año pasado afectó a 67.000 personas y causó la muerte de 2.153, especificó la Organización Mundial de la Salud (OMS).

El control de la enfermedad es muy difícil a causa no sólo de los problemas internos de cada país afectado, sino especialmente por el flujo de refugiados malienses que huyen de la violencia y la inestabilidad política en su país.

El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) estima que desde enero unos 365.000 malienses huyeron de sus hogares; de ellos 160.000 son desplazados internos, y el resto se refugió en Burkina Faso (65.009), Mauritania (89.390) y Níger (50.813).

El pasado mes, el mayor éxodo fue hacia Mauritania, donde 15.000 personas llegaron en las dos últimas dos semanas, una media de entre 200 y 500 personas diariamente.

Ante este incesante flujo de personas, el gobierno mauritano y el ACNUR han acordado establecer un nuevo campo de refugiados cerca de Aghor, a 17 kilómetros de distancia de otro campamento que ya acoge a 90.000 malienses.

El ACNUR alertó que la situación tiende a degradarse conforme el número de refugiados aumenta a un ritmo que no equiparan los donantes, por lo que los fondos no son suficientes para hacer frente a la tragedia.

Asimismo, la inseguridad también se está incrementando "en toda la región del Sahel" lo que dificulta la distribución de ayuda humanitaria.

Otro problema adicional es la llegada de la estación de las lluvias, que ha deteriorado enormemente los accesos a los campos de refugiados, especialmente en Níger y Burkina Faso.

Según Unicef, más de un millón de niños originarios de la región del Sahel necesitarán asistencia humanitaria en los próximos meses para sobrevivir.

La ONU considera que la sequía y consecuente crisis alimentaria en el Sahel afecta a unos 18 millones de personas en Burkina Faso, Camerún, Chad, Gambia, Mauritania, Malí, Níger, Nigeria y Senegal.