El Partido Revolucionario Institucional (PRI) se encamina a ser la primera fuerza en las dos cámaras del Congreso de México, aunque sin alcanzar una mayoría que le permita por sí solo sacar adelante reformas, por lo cual tendrá que negociar con otros grupos políticos.

El Instituto Federal Electoral señaló que el PRI tendría 207 de los 500 asientos en la Cámara de Diputados y 52 de los 128 en el Senado, con lo cual el hasta hoy partido de oposición se alza con el mayor número de posiciones en el Congreso bicameral.

La composición final del Congreso, sin embargo, aún deberá ser validada por el tribunal federal electoral en las siguientes semanas.

El PRI se alió en los comicios con el minoritario Partido Verde, que obtendría 33 diputaciones federales, con lo cual ambos tendrían 240 posiciones en la cámara baja. Para algunos, también podría lograr un acuerdo con Nueva Alianza, otro partido minoritario que tendría 10 asientos y con el que ha hecho alianzas en el pasado, aunque aún así no lograrían la mayoría necesaria para sacar adelante reformas.

En el Senado el Verde obtendría 9 lugares y Nueva Alianza uno.

"Creo que (el PRI) no tiene muchas alternativas... no puede imponer las cosas, tiene que negociarlas con al menos otro de los partidos grandes. No tiene otro remedio", dijo a The Associated Press el analista político José Antonio Crespo, en referencia al conservador Partido Acción Nacional (PAN), actualmente en el gobierno, y el izquierdista Partido de la Revolución Democrática (PRD).

En los comicios del 1 de julio el PRI ganó la presidencia de México con su candidato Enrique Peña Nieto, 12 años después de haber perdido el poder que mantuvo durante siete décadas. La izquierda, segunda en la votación, ha anticipado que impugnará los resultados al considerar que hubo irregularidades como la compra del voto a favor del triunfador.

Previo a los comicios, cuando las encuestas daban una ventaja de hasta dos dígitos al PRI rumbo a la presidencia, muchos se preguntaban si eso podría traducirse en que el partido alcanzara mayoría absoluta en el Congreso, como llegó a tenerla muchas veces durante sus años en el gobierno, lo cual hubiera podido darle un poder hegemónico que hiciera a un lado a la oposición.

Al final, eso no ocurrió.

"Ahora tendrá que tomar en cuenta a parte de la oposición para el presupuesto, las reformas legales y los múltiples nombramientos que requieren de una mayoría... No es una mala noticia", escribió en el diario Reforma la analista María Amparo Casar.

Peña Nieto ha dicho que una de sus prioridades legislativas será impulsar reformas en materia impositiva, energética y laboral. Para varias modificaciones legales sólo se necesita una mayoría simple, aunque en el caso de cambios a la Constitución es necesario el aval de dos terceras partes del Congreso.

Para Crespo, del Centro de Investigación y Docencia Económicas, también es una incógnita si Peña Nieto "tendrá la fuerza para disciplinar a su bancada en ambas cámaras", sobre todo después de que el PRI viene de 12 años sin tener un presidente del país que en el pasado había logrado alinear a las distintas corrientes internas del partido.

Considerado por sus críticos como un partido que durante sus gobiernos de 1929 a 2000 se caracterizó por prácticas autoritarias y corruptas, además de que mantuvo un control sobre otros poderes como el Legislativo, el PRI ha buscado mostrarse como un grupo que se ha modernizado y que no busca restaurar viejas costumbres políticas.

Para algunos analistas, es posible que el PRI de nuevo en el poder intente realizar algunos ajustes legislativos para recuperar un poder importante, aunque también lo ven más difícil en el México actual.

"La tentación de ciertos retrocesos la vamos a tener y la vamos a vivir con el PRI en el poder, con el regreso del PRI al poder", dijo a la AP René Torres Ruiz, profesor de la Universidad Iberoamericana.

Sin embargo, consideró que "el escenario político y social del México del 2012 no es el mismo que el que teníamos antes del 2000 o incluso mucho más atrás en los años 70, en los años 80, en donde la pluralidad política estaba muy acotada".

A diferencia de la elección presidencial en la que quedó en el tercer lugar, el hasta hoy gobernante PAN se colocó por sí solo como segunda fuerza en el Congreso con 114 asientos en la Cámara de Diputados y 38 en el Senado.

El PRD sería la tercera fuerza con 101 diputados federales y 22 senadores, aunque al igual que el PRI compitió en alianza con otros partidos minoritarios: el Partido del Trabajo (PT) y Movimiento Ciudadano.

El PT tendría 19 diputados y 4 senadores, mientras que Movimiento Ciudadano 16 diputados y 2 senadores.

El PAN compitió sin aliarse con ningún otro partido.

Otra de las preguntas que han surgido a raíz de la nueva composición que tendría el Congreso es si la izquierda podrá actuar en bloque o revivirá las divisiones que se presentaron tras los comicios del 2006, cuando también quedó en segundo lugar en las elecciones presidenciales y mientras un bloque encabezado por López Obrador rechazó participar en cualquier negociación hubo otros miembros del PRD que se mostraron a favor de negociar con el PAN en el gobierno.

Hasta el momento, López Obrador — que compitió por segunda ocasión seguida como candidato presidencial izquierdista — se ha negado a reconocer el triunfo del PRI.

"La ruptura ya la vimos de alguna manera (y) se puede volver a dar", dijo Crespo.

Para Torres, sin embargo, la actitud actual de la izquierda de recurrir a las vías legales para impugnar los resultados, a diferencia de 2006 cuando tomó calles para reclamar un presunto fraude, significa que en adelante asumirá una posición de negociación y diálogo.