Edgar Carrera, uno de los más de cien científicos latinoamericanos que participaron en la búsqueda del bosón de Higgs, también conocido como "la partícula de Dios", consideró hoy que la poca contribución de la región a ese proyecto le puede hacer perder oportunidades de desarrollo tecnológico.

Aproximadamente 10.000 especialistas, la mitad de los expertos en partículas del planeta, han realizado investigación en el Centro Europeo de Física de Partículas (CERN), donde la semana pasada se detectó una partícula subatómica que se cree que es el bosón.

Entre ellos hay un grupo de latinoamericanos, liderados por Brasil, con 94 expertos de nueve universidades, y por México, con 43 físicos de seis entidades educativas, con presencia menor de Argentina, Colombia, Cuba, Perú, Venezuela y Ecuador, según datos del CERN.

"Somos una minoría, lamentablemente", dijo a Efe Carrera, profesor de la Universidad San Francisco de Quito, quien trabajó tres años en el experimento CMS, que junto al ATLAS anunciaron la detección de una partícula que tiene toda la pinta de ser la predicha en 1965 por Peter Higgs.

Carrera confesó hoy su "emoción de ser una parte pequeñita aunque importante de este descubrimiento".

Esa partícula es el elemento que faltaba en el llamado Modelo Estándar, que detalla las interacciones entre los elementos que componen los átomos y el funcionamiento del Universo, excepto en el área de la gravedad, donde rige la teoría de la relatividad, y de la materia y energía oscuras.

El bosón de Higgs explica por qué los objetos tienen masa, es decir, resistencia al movimiento, y por ende por qué existe la materia, de ahí el apelativo de "partícula de Dios".

"Este es un sueño de la humanidad, es una de esas raras cosas que nos debería hacer sentirnos orgullosos de pertenecer a la especie homo sapiens, es nuestro esfuerzo por entender el universo", dijo hoy en una rueda de prensa Bruce Hoeneisen, otro profesor de la Universidad San Francisco de Quito.

Hoeneisen ha investigado el bosón de Higgs desde mediados de la década de los ochenta, según dijo.

Carrera lo compara a otros "hitos" de la ciencia como el descubrimiento del electrón o la doble hélice del ADN, y explicó que de él se podrán desprender también aplicaciones prácticas, por lo que lamentó la escasa presencia latinoamericana en el CERN.

"Tenemos un letargo, necesitamos alcanzar el desarrollo tecnológico de los países más desarrollados", afirmó.

Carrera citó como ejemplo que ningún científico de la región participó en los experimentos que revelaron el electrón a finales del siglo XIX y por tanto América Latina se quedó al margen de los descubrimientos en la electrónica.

"Lo mismo nos va a ocurrir si es que en algún momento se crea nueva tecnología a partir de estas investigaciones de física básica, no vamos a saber nada, vamos a estar desactualizados y simplemente vamos a seguir importando tecnología", se quejó.

Las entidades que participan de los experimentos del CERN -más de 600, según sus datos- dan una aportación económica y envían a estudiantes a trabajar a su complejo científico, ubicado cerca de Ginebra, explicó Carrera.

En el caso de Ecuador un alumno de la Escuela Politécnica Nacional estuvo allí el año pasado y actualmente hay otro de la Universidad San Francisco de Quito, informó.

El CERN y la Secretaría Nacional de Ciencia y Tecnología (SENACYT) de Ecuador cuentan con un acuerdo de colaboración desde 1999, pero no se empleó, y el año pasado las partes firmaron un protocolo para revivir la iniciativa.

No obstante, el envío de especialistas a Suiza requiere de ayudas estatales, un tema que está "estancado" en la Senecyt, según Carrera, quien dedicó su tesis a la búsqueda de dimensiones espaciales adicionales y la física de fotones.

Mientras, el profesor universitario continúa trabajando desde Quito con los datos generados en el CERN, al igual que otros miles de físicos de todo el mundo, que estudian áreas que hasta hace poco eran solo ciencia ficción.