La primera aparición de un británico en la final de Wimbledon en 74 años congregó hoy en el palco de la pista central del All England Club a miembros de la realeza británica y a diversas autoridades del Reino Unido, entre ellos el primer ministro David Cameron y la princesa Catalina.

La duquesa de Cambridge, acompañada de su hermana Pippa Middleton, se presentó en la pista central, entre aplausos del público, poco antes del comienzo del duelo entre el escocés Andy Murray y el suizo Roger Federer.

El pasado miércoles, Catalina y su esposo, el príncipe Guillermo, ya asistieron a los cuartos de final de Wimbledon, tanto al encuentro de Federer como al de Murray, en la pista central.

La final de hoy ha despertado una gran espectación en el Reino Unido, dado que ningún tenista local se ha hecho con el título desde que en 1936 lo lograra el inglés Fred Perry.

En Downing Street, la residencia oficial del primer ministro británico, ondeaba esta mañana la bandera escocesa como gesto de apoyo a Murray, y se estima que unos 17 millones de personas en el Reino Unido seguirán hoy a través de la televisión una final que puede ser histórica para el tenis británico.

Tampoco se perdieron la cita en el All England Club el "premier" conservador David Cameron, el viceprimer ministro Nick Clegg, ni el ministro principal de Escocia, Alex Salmond.

En un día lluvioso al suroeste de Londres, aunque con rachas de sol, el alcalde de la capital británica, el conservador Boris Johnson, así como el ministro de Deportes británico, Hugh Robertson, también asisten al encuentro.

En la primera semana del campeonato, el príncipe Carlos, padre de Guillermo, y su esposa, Camilla, se presentaron asimismo en el palco de autoridades del All England Club, durante el partido de segunda ronda entre Federer y el italiano Fabio Fognini.

Esa visita del príncipe Carlos a Wimbledon fue la primera desde 1970, y se produjo el mismo día en el que la reina Isabel II estrechó la mano, en un evento histórico, al excomandante del inactivo IRA Martin McGuinness durante la visita de la soberana a Irlanda del Norte.