Matilde Flores regatea con clientes que preguntan por sus coquetos jerseys en un atestado mercado callejero en una fría mañana de junio.

"Es de tela china pero la confección es nacional", dice a una clienta que revisa al detalle la prenda. A la mujer le atrae el precio y el diseño, no le importa el origen.

Vendedoras muy arropadas ocupan la calle en el corazón comercial de la ciudad convertida en un variopinto escaparate y exhiben sus prendas encima de enormes bolsones llenos de mercadería.

La ropas que vende Flores no llevan marca, pasan por chinas o nacionales. Es la estrategia de marketing criollo de estas hábiles artesanas ante la creciente competencia de las confecciones chinas que llegan más baratas.

También ocurre con los calzados. Genaro Tórrez compacta la suela a golpe de martillo para confeccionar a mano un fino calzado de cuero en su modesto taller que huele a cuero recién curtido.

"El zapato chino y ahora el peruano nos están restando mercado y ni siquiera son de cuero, sino de cuerina", dice.

El calzado chino es un 70% más barato y el peruano un 40% en comparación con la manufactura nacional.

Bolivia tiene abundante materia prima y artesanos capacitados, pero no puede competir a nivel internacional con nada que no sea extraído de la tierra o plantado.

"El día menos pensado también perderemos el mercado de fideos y de cerveza", comenta Alberto Bonadona, un economista que escribe en diarios locales.

La producción industrial nacional sufre dos azotes: la abundancia a productos extranjeros baratos, mayormente chinos, y un contrabando de proporciones gigantescas que disminuye más todavía las posibilidades de Bolivia de ser competitiva.

"Tenemos buena materia prima pero los costos de producción son altos porque nuestra producción es artesanal", explica Tórrez.

"El que no avanza en la globalización, retrocede, y Bolivia terminó globalizada, sufriendo las consecuencias en lugar de sacarle provecho", afirma Gary Rodríguez, gerente del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE).

La ventaja de China es que tiene una producción en gran escala, altamente mecanizada, una mano de obra barata, escasas protecciones laborales y una divisa subvaluada en relación con el dólar. Ante esta combinación de factores, hasta países pobres como Bolivia tienen problemas para competir. La producción artesanal de Bolivia es de mucha menor escala, a menudo artesanal, y hay leyes laborales tan estrictas que hacen difícil despedir a alguien. La agitación política, que genera bloqueos en los caminos, también afecta la competitividad boliviana.

Así las cosas, el déficit comercial del país se ensancha más, en particular con China. El año pasado compró por 937 millones de dólares a ese país y le vendió por 330 millones. Los textiles chinos importados sumaron 8,7 millones de dólares en el 2010 y casi se duplicaron a 17 millones el año pasado, según el Instituto Nacional de Estadística.

Bolivia le compra a China desde motocicletas, televisores y celulares hasta herbicidas y le vende minerales y madera.

En el 2011, China pasó a ser el principal proveedor de fuera de la región de Bolivia, una posición que antes correspondía a Estados Unidos, en una tendencia que se repite en toda la región. Acapara millonarias compras del gobierno, domina las importaciones legales y el comercio callejero informal.

"Acá todo es chino: Los juguetes, el computador, el celular, el bolígrafo y hasta los lápices escolares y últimamente ropa y calzados. Son preferidos por su precio", dice Rodríguez.

En los 60 Bolivia exportaba estaño en bruto a Estados Unidos y compraba autos fabricados con esa materia prima. Hoy exporta minerales y cueros a China y este país regresa calzados baratos de fibra sintética. "Es una competencia desleal", según Tórrez porque el buen producto chino se va a otros mercados y acá llega lo que es "desechable".

Tórrez ha visto marcharse a sus obreros calificados. "Prefieren volverse mineros porque ganan más con los minerales que tienen buen precio", dice. Los costureros emigran a Perú y Brasil, donde hay más trabajo en el rubro.

Bolivia importó calzados por valor de 21 millones de dólares el año pasado, y por 15 millones en el 2010, de acuerdo con cifras del gobierno.

Las materias primas representan el 70% de las exportaciones bolivianas y el 40% de las inversiones extranjeras directas del 2011, que totalizaron 859 millones de dólares, se concentró en minerales y gas natural, según la CEPAL (Comisión Económica América Latina).

La competencia foránea llevó al borde de la extinción a la industria textil local y la grandes fábricas dieron paso a pequeños talleres familiares. Los artesanos confeccionan con tela china o peruana, incluso los coloridos trajes del rico folclor andino. La poca tela nacional se destina a la ropa de exportación, principalmente a Estados Unidos y Venezuela, aunque los dos mercados se han reducido, según el presidente de la Cámara de Exportadores Guillermo Pou Mont.

Los textileros locales todavía no se reponen de las pérdidas por la importación de ropa usada en su mayoría de Estados Unidos que se vende por nada en los mercados populares y ahora deben lidiar con la competencia china, coreana y de países vecinos.

Más de 160.000 empleos se perdieron entre el 2000 y el 2008 y 32.400 talleres fueron cerrados por el comercio de ropa usada, según la Cámara Nacional de Industria.

En 2009 el gobierno elevó aranceles al 35% para los textiles importados y estudia un nuevo incremento arancelario. Buena parte ingresa de contrabando, que aumentó con la privatización total de la economía en la década de los 90, tras una terapia de shock para acabar con una inflación galopante.

La economía informal representa el 70% de la economía total y gran parte es contrabando, sostiene el presidente de la Confederación de Empresarios, Daniel Sánchez.

"Los distintos gobiernos adoptaron medidas impositivas que están asfixiando a la industria legal, pero son tolerantes con la informalidad", dice Bonadona.

El crecimiento promedio anual desde 2005 ha sido un respetable 4,5% gracias a los buenos precios de las materias primas (hidrocarburos y minerales) y la CEPAL prevé se mantendrá este año. Pero para generar los niveles de empleo requeridos que demanda el país cada año, Bolivia necesita crecer a tasas anuales superiores al 7%, razón por lo cual se precisan niveles permanentes de inversión mayores al 25% del PIB, ha dicho la Cámara Nacional de Industrias en un informe de junio.

En 2009, el gobierno aumentó de aranceles a las importaciones de textiles al 35 por ciento, puso en marcha un plan de créditos de bajos intereses para ayudar a pequeños y medianos talleres textileros y estudia un nuevo incremento arancelario.

Las disputas políticas entre Morales y Estados Unidos ahondaron el problema con la pérdida desde 2009 de unas preferencias arancelarias que permitían a los textileros exportar a ese país sin aranceles.

El mandatario sustituyó el mercado estadounidense con el venezolano, que funcionó bien en 2010 pero las ventas cayeron desde el año pasado por restricciones y demoras en los pagos, dice Pou Mont.

Las cosas empeoraron tanto que la mayor exportadora de textiles AMETEX paralizó en junio su producción agobiada por deudas. Su propietario Marcos Ibercley dijo que la "pérdida de mercados", sobre todo el de Estados Unidos, agravó la crisis de su empresa, tras una caída de sus ventas.

El gobierno anunció que alquilará las cinco fábricas de AMETEX y recontratará a los 1.200 obreros para apuntalar su recién creada Empresa Nacional de Textiles (ENATEX) con un capital de 7,7 millones de dólares.

"Ya no queremos una empresa maquiladora como AMETEX, vamos a comercializar en el mercado local hilos, telas y exportar ropa. Trabajaremos para posesionar una marca propia. Será una nueva era para la industria textil", dice la ministra Morales.

La presidenta de una asociación de pequeñas y medianas empresas en la ciudad oriental de Santa Cruz, Janeth Coffield, se muestra escéptica.

"Esperemos que suceda, para que podamos poner fin a esta crisis, pero las autoridades nos aseguraron que en el pasado que el comercio de ropa usada podría desaparecer y eso no ha sucedido".

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Los redactores Frank Bajak y Carla Salazar contribuyeron desde Lima, Peru.