Ajenas a los islamistas que controlan el poder en Egipto, cientos de bailarinas de todo el planeta han llegado a El Cairo para cumplir su sueño de participar en uno de los festivales de danza del vientre más importantes del mundo.

Estas danzarinas han resistido a su preocupación por la inseguridad que se vive en Egipto y a los peligros que se ciernen sobre este sensual baile en el país, tras la llegada de un miembro de los islamistas Hermanos Musulmanes a su Presidencia.

"La gente tiene miedo porque no sabe si (los islamistas) se pondrán en plan radical y prohibirán la música, la danza y otros actos culturales", dijo a Efe la bailarina del vientre brasileña Munique Neith.

Sin embargo, el nuevo Egipto pos-revolución no ha impedido a Neith participar, como es su costumbre desde hace ocho años, en el festival "Ahlan wa sahlan" (bienvenido, en árabe), celebrado en un hotel de cinco estrellas a los pies de las Pirámides de Guiza.

Además, está acompañada de veinte bailarinas de su escuela de danza situada en el corazón de Barcelona, menos que en años pasados porque "muchas chicas tenían miedo de venir a Egipto".

"Todo el mundo que baila sueña con participar en este festival. Lo tenemos como una referencia", destacó Neith, que lleva 15 años viviendo este arte sensual.

Tan milenaria como las Pirámides, la danza del vientre ha unido a bailarinas de todos los continentes para compartir sus experiencias en los talleres, galas y concursos de "Ahlan wa Sahlan", nacido hace once años.

A este encuentro mundial no ha faltado la bailarina egipcia Aziza, apodada la "mariposa del baile oriental", y que a sus 26 años ha llegado a ser descrita como la "número dos" de la danza del vientre en Egipto, después de la famosa Dina.

Aziza, conocida también como "Aziza Cairo" o "Aziza Egipto", ha dado clases durante el festival para enseñar a las bailarinas extranjeras cómo bailar la danza del vientre de forma "elegante" y "no vulgar", como comentó a Efe.

"Las españolas quieren bailar bien, hacen una actuación muy buena, pero no saben transmitir los sentimientos como nosotras, las orientales", destacó Aziza, que participó dos veces en festivales de baile en Madrid.

Para ella, es distinto memorizar una canción y bailarla con pasos aprendidos que dejar que el cuerpo se mueva con fluidez dejándose llevar por los ritmos.

El avance de la tendencia islamista en Egipto no alerta a Aziza, ya que cree que "aunque aumente el islamismo, estará un tiempo y luego pasará, pero el baile del vientre permanecerá para siempre".

Los islamistas tampoco preocupan a Mahmud Abdel Gafar, uno de los primeros comerciantes que empezó a diseñar, fabricar y exportar trajes de baile oriental al extranjero.

"Hasta ahora no estamos preocupados por la pujanza de los islamistas. No creo que pongan fin a la danza del vientre, porque el turismo depende mucho de ello y numerosas bailarinas visitan Egipto", consideró Abdel Gafar, de unos 60 años.

Por su local, en el famoso zoco de Jan el Jalili, han pasado numerosas bailarinas extranjeras que participan en el festival "Ahlan wa sahlan" para comprar trajes para ellas y sus escuelas de baile.

Gracias a la bailarina estadounidense "Morocco", que nunca falta a "Ahlan wa Sahlan", Abdel Gafar comenzó hace 35 años a ampliar su negocio, que comenzó vendiendo sólo cinturones de baile.

Ahora la tienda de este hombre tiene todo lo que necesita una bailarina del vientre profesional: castañuelas de bronce, palos dorados, tambores, candelabros con los que baila en la cabeza la artista, cinturones con lentejuelas, zapatos, accesorios de plata y pañuelos con cuentas.

"Tal vez los festivales de baile puedan llegar a verse afectados por el avance islamista en Egipto, pero no creo que lleguen a ser prohibidos del todo", concluyó Abdel Gafar.