Diana López no quiso ser una niña “normal”. Se resistió a ser la hermanita de tres inquietos atletas, así que en lugar de sentarse a verlos practicar taekwondo, se unió a ellos para, literalmente, darse de patadas y puñetazos. Su mayor recompensa llegó cuando ganó la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008. Y ahora está dispuesta a llevarse la de oro en Londres.

“Yo también quería viajar y competir como ellos”, dijo Diana, miembro del poderoso clan López, que hace cuatro años se robó las primeras planas cuando ella y dos hermanos, Mark y Steven, fueron parte del equipo nacional de taekwondo que representaron a Estados Unidos. Su hermano Jean los acompañó en calidad de director técnico.

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