Menos de dos meses, el tiempo que lleva en el Gobierno y con mayoría parlamentaria, ha tardado la coalición Unión Social Liberal (USL) en iniciar el esperado procedimiento para revocar el mandato del polémico presidente Traian Basescu por violar la Ley Fundamental.

La USL -coalición entre liberales y socialdemócratas- ha registrado hoy en el Parlamento la solicitud para comenzar la suspensión, y el viernes podría someterlo al voto de un Parlamento que controla.

El documento debe ser presentado en las próximas horas al Tribunal Constitucional.

Su opinión sobre las acusaciones a Basescu tendrá un valor meramente consultivo y no vinculante como hasta ahora, tras modificar el Gobierno por un procedimiento de urgencia una ley en este sentido, informa la agencia Mediafax.

Así, tras el voto del Parlamento, la última palabra sobre la suspensión la tendrán los rumanos en un referéndum.

El Tribunal Constitucional, cuya mayoría es acusada por la USL de servilismo al presidente Basescu, han denunciado en los últimos días presiones del Gobierno para cambiar a los jueces.

La comisaria europea de Justicia, Viviane Reding, ha mostrado en un comentario en las redes sociales su "preocupación" por "los recientes ataques a la independencia" de la corte.

De perder el referendo sería el fin de la era del presidente Basescu, en el cargo desde 2004, y que en el mes de mayo vio caer en una moción de censura al último de sus Gobierno fieles y llegar al poder a su enemigo declarado, el hoy primer ministro, el socialdemócrata Victor Ponta.

A nadie sorprende que la USL emprenda las acciones para suspender a Basescu, a quien acusa de arrogarse prerrogativas del Gobierno, y sobrepasar las atribuciones constitucionales de la Presidencia.

Más extrañas parecen las prisas, a menos de un mes de las vacaciones de agosto en las que los ciudadanos podrían ser llamados a las urnas, y a pocos meses de las elecciones legislativas de otoño, en las que la USL y Ponta son claros favoritos.

La precipitación podría deberse a la difícil cohabitación entre Ponta y Basescu, en guerra abierta desde que el primer ministro declarara su intención de representar a Rumanía en el Consejo Europeo, donde hasta ahora había acudido siempre el presidente.

Después de que Ponta haya sido acusado de plagiar su tesis doctoral, la disputa vivió el martes un nuevo capítulo antes de conocerse que la USL inicia el procedimiento de suspensión.

Valiéndose de su mayoría en las Cámaras, la USL revocó a los presidentes del Senado y del Congreso, del conservador, opositor y cercano a Basescu Partido Democrático Liberal (PDL).

Dos dirigentes de la mayoría gubernamental son ahora presidentes.

Basescu acusó a la mayoría parlamentaria y al Gobierno de "violar gravemente los valores fundamentales de la Unión Europea".

Varios líderes del PDL llegaron a hablar de "golpe de Estado", y el embajador estadounidense en Bucarest mostró su "preocupación" por los ataques a las instituciones democráticas.

Entre tanto, con la brusquedad habitual en la política rumana, el terreno estaba preparado para anunciar hoy el segundo intento de suspensión de Basescu, que ya sobrevivió a uno en 2007.

Entonces, y en plena ola de popularidad, recibió el apoyo abrumador de los ciudadanos en el referéndum que había de revocar su mandato.

La hostilidad a Basescu en la calle es hoy evidente, como lo demostraron los catastróficos resultados del partido aliado del presidente, el PDL, en las municipales de junio.

La segunda suspensión tiene muchos números de jubilar a Basescu ante de que acabe su mandato, para alegría de la USL y de muchos de los rumanos que lo aborrecen.

Pero el presidente es un político hábil, carismático, especialmente bueno en situaciones de tensión y capaz de dar la vuelta a la tortilla cuando peor se le han puesto las cosas.

Como ya hizo en 2007 y en las elecciones presidenciales de 2009, Basescu podría presentarse como víctima de la clase política corrupta que habría intentado reformar.

Y un resultado ajustado en el referéndum de suspensión podría perjudicar a la USL en las legislativas de otoño, en las que todos los pronósticos le auguraban una mayoría aplastante.

Marcel Gascón