Charlie Sheen, regresa a la televisión con la telecomedia "Anger Management", pero lo tiene claro: cuando termine la serie abandonará la interpretación para dedicarse a su familia y a "explorar" nuevos retos, lejos del ojo público.

"Hay muchas cosas que quiero hacer y esta industria no tiene nada que ver con ellas", afirmó el intérprete de 46 años en un encuentro con medios internacionales. "Me gustaría hacer realidad algunas fantasías sin necesidad de que sean públicas. No quiero tener que demostrar nada a nadie. Quiero despertarme sin esperar cifras de audiencia o de taquilla. Hay mucha vida ahí afuera", añadió.

El que fuera el actor mejor pagado de la televisión en EE.UU. gracias a su personaje de Charlie Harper en "Two and a Half Men", un trabajo por el que ingresaba cerca de 2 millones de dólares por episodio, desea aparcar su imagen pública para centrarse en criar a sus hijos -tiene cuatro menores de edad-, viajar y dedicar más tiempo a pasiones personales como el baile o la lectura.

"Anger Management", donde Sheen encarna a un terapeuta experto en el control de la ira, debutó el domingo en EE.UU. en el canal FX con una audiencia de 5,5 millones de espectadores, una cifra sobresaliente para el canal de cable.

La serie, que se estrenará el 19 de julio en Latinoamérica y el 20 de septiembre en Brasil a través de la cadena TBS veryfunny, está cerca de ser renovada oficialmente hasta un total de 90 episodios.

"Si tras 90 capítulos alguien no acaba roto debe ser un maldito robot", dijo un reformado Sheen entre risas.

Poco queda de la estrella que perdió los papeles hace poco más de un año.

El actor había entrado en una dinámica de excesos asociados con las drogas y el alcohol que forzó primero la suspensión del rodaje de "Two and a Half Men" y después su despido de la serie, lo que dio pie a un período de comportamientos erráticos y numerosos procesos de rehabilitación.

Sheen, que llevó su caso ante los tribunales, continuó haciendo desde entonces gala de su humor en un espacio que emitía directamente desde su casa a través de Internet y posteriormente con una gira por EE.UU.

"He pasado mucho tiempo en psicoterapia y en sesiones para el control de la ira, así que me he documentado mucho, aunque no era consciente de ello mientras lo hacía", manifestó Sheen, a quien no le importan las tibias críticas con las que ha sido recibida la serie.

"La audiencia ha hablado claro y esa es la crítica a la que presto atención. Tengo mucha confianza en la serie porque es inteligente y está bien hecha. De verdad que no me importa lo que digan sobre la serie o sobre mí. Mis hijos no me van a querer menos por ello", declaró.

"Anger Management", basada en la película homónima de 2003 protagonizada por Adam Sandler y Jack Nicholson, ofrece a Sheen un personaje que, antes de dedicarse a la psicología, fue un exitoso jugador de béisbol que tuvo que lidiar con reiterados ataques de ira hasta que en uno de ellos partió un bate en una de sus rodillas, una lesión que puso punto y final a su carrera deportiva.

Esa redención del personaje ahora como terapeuta es similar a la que vive Sheen en la vida real.

"Oh, sí, ¡es una dulce venganza!", admitió. "Pero solo me lo tomé como un día de regocijo personal y de éxito absoluto que saboreé a tope. He pasado página y continúo con mi vida", agregó.

Para el actor, que la próxima semana comienza el rodaje de la película "Machete Kills", era necesario regresar a la televisión, lavar su imagen y, quién sabe, colocar un broche final a su carrera profesional.

"Mi legado no podía quedar con la imagen del adiós a 'Two and a Half Men', porque el final fue asqueroso. Mi motivación era hacer olvidarlo y ofrecer algo que espero sea incluso mejor. Dar a la gente un abrazo cálido. Para mí es un regreso a la inocencia", manifestó.

Sheen se mostró abierto, extrovertido y conciliador durante su intervención, hasta el punto de elogiar a Chuck Lorre, el productor ejecutivo de "Two and a Half Men" al que insultó gravemente a raíz de su despido, como la persona "que construyó esa serie como si fuera Picasso o Rembrandt, todo un sueño".

Y parece que una lección sí ha sacado en claro de todo esto.

"Nunca laves los trapos sucios en público", concluyó.

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Por Antonio Martín Guirado

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