Las fuerzas de seguridad sirias operan más de dos decenas de centros de tortura en los que los captores engrapan la piel de los detenidos, les arrancan las uñas, los golpean con palos y les dan toques eléctricos en los genitales, denunció el martes Human Rights Watch.

El grupo internacional por los derechos humanos, con sede en Nueva York, dijo que la frecuencia con que se cometen torturas en los centros de detención sirios podría convertirlas en delitos contra la humanidad y exhortó a la acción internacional para detenerlas.

"Los patrones sistemáticos de maltrato y tortura que Human Rights Watch documentó señalan claramente que hay una política estatal de tortura y maltrato y por lo tanto constituyen un crimen contra la humanidad", afirmó el grupo.

Exhortó al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas a denunciar la situación en Siria ante la Corte Penal Internacional en La Haya y a imponer sanciones a los que practiquen o supervisen actos de tortura.

El gobierno sirio no hizo comentarios de inmediato sobre las acusaciones.

Human Rights Watch dio a conocer los hallazgos el martes en un informe de 78 páginas fundamentado en entrevistas con más de 200 desertores del ejército y ex detenidos desde que comenzó el alzamiento contra el presidente Bashar Assad en marzo de 2011.

El texto proporciona la ubicación de 27 centros de detención en diversas ciudades de Siria que practican la tortura y los nombres de los directores de algunas de las instalaciones.

El grupo activista dijo que cada uno de los centros y de las técnicas de maltrato fueron mencionados por múltiples personas entrevistadas, y que probablemente hay otras instalaciones que el grupo no ha podido documentar.

Muchos ex detenidos reportaron haber sido mantenidos en instalaciones sobrepobladas en las que era común que los guardias y los interrogadores se valieran de la tortura. Los entrevistados reportaron más de 20 métodos distintos para torturar, entre ellos palizas con palos y cuerdas, dedos aplastados con pinzas, agresiones con electricidad y ácido, así como violaciones sexuales y humillación.

La insurrección en Siria comenzó con protestas que pedían un cambio político. Las fuerzas de seguridad de Assad actuaron de inmediato: enviaron tropas y mercenarios partidarios del gobierno para golpear y matar a los manifestantes.

El conflicto se ha convertido en una insurgencia a medida que los opositores han tomado las armas.

El gobierno sirio niega que la insurrección busque una reforma política y dice que está a cargo de grupos armados y terroristas respaldados por potencias extranjeras que desean debilitar a Siria.