Argelia celebra este 5 de julio el 50 aniversario de su independencia, nacida de una traumática guerra de descolonización que llevó al poder a una élite político-militar, que continúa dirigiendo el país apoyándose en la legitimidad independentista y en las suntuosas rentas del petróleo.

El Banco Mundial aseguraba recientemente en un informe que gracias a las exportaciones de hidrocarburos, que en Argelia suponen un 45 por ciento del PIB, los países netamente exportadores han podido "sostener programas de subvención, creación de empleo y proyectos de infraestructura".

Sin embargo, para el exgobernador del Banco Central argelino Abderrahmane Hadj Nacer, esta situación no revierte en la mejora del país debido a que Argelia "participa del buen funcionamiento de la economía mundial en detrimento de la creación de empleo y de su propia economía".

En una reciente mesa redonda celebrada en Argel, Nacer comentaba que para lograr el desarrollo del país, es necesario que Argelia determine "el origen del poder, cómo se legitima y se representa", antes de plantear una opción económica.

Asimismo, el investigador español Iván Martín, autor de varios análisis sobre la economía argelina indica que "para comprender la política económica argelina, es necesario tener en cuenta que su principal objetivo no es promover el desarrollo económico o el bienestar nacional, sino mantener al régimen en el poder".

Un régimen que, según recoge el sociólogo argelino Lahouari Addi en su reciente libro "Crónicas de una experiencia postcolonial de modernización", se caracteriza por su opacidad.

"Cincuenta años después de la independencia, el argelino aún no sabe quién detenta la autoridad en la cúpula del Estado. Este sentimiento de que el Estado no existe proviene de que el poder está oculto, es clandestino", subraya este profesor de la universidad francesa de Lyon.

El profesor español de la Universidad Complutense de Madrid Rafael Bustos, plantea que "el problema es que el propio sistema, al ser muy opaco y arbitrario genera descontento automático, en la medida en que no hay controles, no hay claridad",

Addi lo resume asegurando que "el régimen argelino ha querido construir un Estado para un pueblo imaginario y no para una sociedad real", lo que le ha llevado a no reconocer la existencia de conflictos y, por tanto, a no tomar medidas para solucionarlos.

Además, el profesor argelino considera que el sistema político en este estado magrebí vive también de la renta de la legitimidad, adquirida en la sangrienta guerra de independencia.

"El régimen argelino, proveniente de un movimiento de liberación nacional, no ha superado la problemática de la legitimidad histórica ni se ha adaptado a las demandas de las generaciones nacidas después de la independencia", opina el sociólogo.

Addi considera que "la crisis argelina proviene de que el Gobierno no tiene ninguna legitimidad ni autoridad política" y que "no es más que un apéndice de los servicios de seguridad que le asignan tareas administrativas".

A pesar de estas y otras carencias apuntadas por los especialistas, como la dependencia del precio del petróleo, que se calcula que debe estar por encima de los 110 dólares para que Argelia pueda mantener sus planes desarrollistas, el país ha logrado evitar, al menos de momento, la ola de revueltas que prendieron en varios países árabes.

"Aparentemente, el régimen ha conseguido desactivar la contestación y ha seguido adelante con las reformas" políticas anunciadas en abril de 2011, como asegura Bustos antes de apostillar que "son algunos pasos positivos, pero pequeños todavía en relación a lo que se esperaba o a lo que queda por hacer".

Las recientes elecciones del 10 de mayo, en las que la corriente islámica perdió peso, a pesar de su cada vez mayor influencia en los países vecinos, fueron presentadas por el régimen, según Bustos, como "la baza de la estabilidad, la forma de evitar una crisis, una guerra civil o una desestabilización".

Más allá del "éxito" electoral del régimen, Martín sostiene que "Argelia tiene tres crisis pendientes, que más tarde o más pronto acabarán por explotar, una económica debido a la falta de un modelo productivo que garantice la creación de empleo y la generación de riqueza, una social debida a la frustración de la gente y otra política en torno a la sucesión de (Abelaziz) Buteflika".

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Por Jorge Fuentelsaz

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