Tras recorrer nueve estados del país, un grupo de monjas católicas culminó hoy en la capital de EE.UU. un viaje de 4.300 kilómetros en autobús para protestar contra el recorte en ayuda social previsto por el Congreso, de mayoría republicana, y pese al descontento del Vaticano.

Su recibimiento en Washington fue más propio de "las estrellas del rock" que de media docena de religiosas, según bromearon ellas mismas: bajaron del autobús saludando al público, entre vítores, gritos de apoyo y pancartas que proclamaban "Os queremos, hermanas".

"Hay un mensaje de fondo en nuestra campaña que podemos hacer llegar a otros países y esperamos que las religiosas de otras naciones empiecen a hacer lo mismo", destacó a Efe la hermana Marge Clark, una de las monjas participantes.

Clark vaticina que el mensaje de fondo atravesará fronteras, pero admite que la ruta de dos semanas responde a dos asuntos estadounidenses.

Por un lado, a un proyecto republicano de presupuesto federal tramitado en el Congreso y, por otro, a las críticas del Vaticano a un movimiento de monjas del país por no secundar las posturas de los obispos.

La campaña de las religiosas, sustentada por un grupo de presión afincado en la capital, ataca directamente un proyecto presupuestario propuesto por los republicanos en el Congreso, que según ellas reduce los programas de asistencia social.

La líder del movimiento, la hermana Simone Campbell, tildó hoy este proyecto de "antipatriota" y de "pecado moral" por ir contra la justicia social, y atacó especialmente al legislador republicano Paul Ryan, padre de la propuesta presupuestaria.

En su paso por Wisconsin, el estado al que representa el legislador republicano, las monjas acudieron a la oficina de Ryan y le entregaron su alternativa a una propuesta que, para ellas, "prima el gasto militar por delante del gasto en centros de acogida para los sintecho, comedores sociales y prestaciones sanitarias".

Además de por Wisconsin, el autobús de las monjas pasó por otros estados del medio oeste estadounidense como Iowa, Illinois, Indiana, Michigan u Ohio, así como por los estados orientales de Pensilvania, Maryland y Virginia.

El autobús, con altavoces y mensajes pintados en la carrocería, ha tenido durante estas dos semanas entre cinco y ocho monjas a bordo, incluida Dianne Donohue, la más veterana, una religiosa de 81 años fiel a todo el recorrido.

Donohue apeló hoy a "los obispos", puesto que la andadura de estas religiosas también nació a raíz de un documento del Vaticano que pidió en abril al obispado estadounidense que aumentara su control sobre las monjas católicas en el país, ya que trataban "temas de feminismo radical incompatible con la fe católica", según recogieron varios medios.

Las manifestantes consideran que el Vaticano es partidario de que las religiosas estadounidenses den prioridad a las críticas al aborto y al matrimonio homosexual, antes que al mensaje en contra de la injusticia económica.

Christine Kresho, una monja que recibió hoy a sus compañeras, lloró al escuchar a las viajeras y se concentró en la plegaria que hicieron bajo un sol de 35 grados centígrados. "Las apoyo absolutamente", confesó a Efe.

"Están enseñando a todo el país el trabajo que hacen las congregaciones y pidiendo que las instituciones mejoren sus prestaciones por los que se hallan en los márgenes de la sociedad", comentó Maurien Assage, con una camiseta con el logo de "Nuns on the bus" (Monjas en autobús), que compró por quince dólares.

"Hablan en nombre de los pobres y a favor de una sociedad más justa socialmente", añadió Maria Grattson, una joven que trabaja para un grupo de presión en Washington.