Un Boeing 757 de la compañía estadounidense American Airlines se convirtió hoy en el primer aparato comercial en aterrizar en el nuevo aeropuerto de Quito, que se prevé inaugurar en octubre próximo.

El vuelo despegó a las 06.10 hora local (11.10 GMT) desde el actual aeropuerto con medio centenar de personas abordo, entre ellas el alcalde de Quito, Augusto Barrera, y nueve minutos después tocó pista en el campo de aviación aún en construcción, a unos 30 kilómetros al este de la capital.

"Es un vuelo que transmite básicamente esperanza y optimismo. Este es el único aeropuerto en América nuevo, que se está haciendo, y estamos prácticamente en la recta final", dijo Barrera a Efe tras un aterrizaje sin contratiempos, que terminó con aplausos a la tripulación.

Según el alcalde, las obras de la terminal tienen un avance del 95 %, sin contar con las zonas de aduanas y la base militar, mientras también progresan los trabajos en las carreteras de acceso.

Barrera suscribirá mañana un crédito con el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF) para avanzar en otra etapa de la construcción de esas carreteras.

El actual aeropuerto, que ha funcionado durante medio siglo, cuenta con pistas consideradas cortas y está a 2.800 metros de altura, lo que reduce la cantidad de combustible con la que pueden despegar los aviones y por ello solo permite vuelos directos a ciudades relativamente cercanas.

En cambio, el nuevo aeropuerto podrá tener conexiones directas con destinos más lejanos, como Nueva York, Chicago, Sao Paulo, Madrid, Amsterdam, con lo que se logra que Quito "sea más accesible al mundo", según Philippe Baril, presidente y director general de Quiport, la empresa concesionaria.

Con tractores, montículos de tierra y decenas de trabajadores acelerando las obras, un recorrido por las instalaciones dejó ver el progreso en la construcción del aeropuerto, que se sitúa en la zona de Tababela, a 2.400 metros de altitud.

La pista mide más de cuatro kilómetros y las zonas de seguridad de fin de pista tienen una extensión de 300 metros a cada extremo.

La terminal de pasajeros tiene 38.000 metros cuadrados, el edificio de carga 12.000 metros cuadrados, la torre de control 41 metros de altura y la plataforma tiene 45 puestos para estacionamiento de aeronaves.

Con capacidad para más de cinco millones de pasajeros al año, las instalaciones resistirían un terremoto de hasta nueve grados en la escala de Richter y un incendio que provoque hasta 700 grados centígrados de temperatura, según las autoridades.

Las amplias áreas verdes que se aprecian desde el aire al acercarse al nuevo aeropuerto no serán ocupadas por construcciones y asfalto, como ocurrió con el actual aeropuerto, que ahora se encuentra en plena zona urbana de Quito, según Baril.

"Tenemos 1.500 hectáreas de terreno (en las) que no se pueden construir (...), entonces no habrá casas, no habrá ninguna construcción que se ponga alrededor", aclaró.

El próximo 12 de octubre es la fecha tentativa de inauguración del nuevo aeropuerto, cuyo nombre aún no está definido y en cuya construcción se invirtieron cerca de 700 millones de dólares, indicó a Efe Baril.

"Este es un día de alegría para Quito", dijo Barrera ante autoridades y empresarios al apuntar que el vuelo de hoy, al que dos motobombas recibieron con un arco de agua, es "un testimonio" ante todas "las cosas increíbles que se dijeron, por ejemplo que en julio era imposible venir por los vientos cruzados".

"Entramos a una fase decisiva, a la recta final de este proceso", comentó al instar a las cerca de veinte empresas involucradas en la construcción "a apretar el paso" para terminar las obras.

Para Barrera, el aeropuerto supondrá un "salto extraordinario" en el desarrollo económico de la ciudad y del país pues, entre otras cosas, permitirá la existencia de una zona de desarrollo económico especial y la instalación de un parque tecnológico.