La destitución de Fernando Lugo como presidente de Paraguay tras un "juicio político" se ha convertido en un nuevo contratiempo para el Gobierno español en el camino hacia la Cumbre Iberoamericana que se celebrará en Cádiz en noviembre próximo.

El Gobierno -desde los secretarios de Estado hasta el presidente del Ejecutivo, Mariano Rajoy- y la Casa Real española -desde el príncipe Felipe hasta el rey Juan Carlos- han multiplicado sus visitas a los países latinoamericanos para garantizar una elevada participación en la cita, conscientes de que el nivel de asistencia es para muchos el termómetro del éxito de las cumbres.

Los viajes, hasta ahora, han dado frutos y más de la mitad de los veintidós jefes de Estado y de Gobierno de la comunidad iberoamericana han dicho que estarán en Cádiz (sur de España), lo que alejaría el fantasma de la anterior cumbre, precisamente celebrada en Asunción y a la que sólo asistieron once mandatarios.

Pero el trabajo diplomático para allanar el camino hacia la reunión de noviembre no está exento de sobresaltos y la crisis política paraguaya se ha unido al conflicto con Argentina por la nacionalización de las acciones de Repsol en YPF.

Mientras la mayoría de los países del continente americano cuestionan la legitimidad del nuevo gobierno paraguayo liderado por Federico Franco, el Ejecutivo de Rajoy prefiere no precipitarse y apuesta por consensuar posturas con la UE y los organismos regionales latinoamericanos.

Fuentes diplomáticas consultadas por Efe no creen que la crisis política paraguaya acabe perjudicando la cumbre de Cádiz y recuerdan que todavía faltan muchos meses para la cita.

Dejarse llevar por las prisas en estos momentos, añaden, puede pasar después factura a España.

En público, el ministro español de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, se ha mostrado convencido de que la gran mayoría de los líderes de la región viajarán a Cádiz, incluidos los de Paraguay, Argentina, Venezuela y Cuba.

El Gobierno de la argentina Cristina Fernández, con la que Mariano Rajoy apenas cruzó un saludo en la cumbre del G20 celebrada hace diez días en México, ha reconocido que ya ha recibido la invitación, pero no ha avanzado qué hará en noviembre.

El presidente venezolano, Hugo Chávez, que no asistió a la anterior cumbre por motivos de salud, tampoco ha adelantado si participará en esta edición; y sigue la incógnita sobre la presencia del cubano Raúl Castro, ya que, desde que relevó a su hermano Fidel en 2006, no ha acudido a ninguna de estas citas.

Hasta el momento han confirmado su asistencia los presidentes de Brasil, México, Colombia, Chile, Perú, Ecuador, Uruguay, Nicaragua, El Salvador, Costa Rica y Panamá, país organizador de la siguiente cumbre.

El presidente boliviano, Evo Morales, también ha comunicado al Gobierno español que viajará a Cádiz, superada la expropiación de una filial de Red Eléctrica de España (REE) en el país andino.

Por vez primera además participará en una Cumbre Iberoamericana el presidente de Honduras, Porfirio Lobo, cuyo país sufrió una profunda crisis política en 2009, que también contaminó la reunión celebrada ese año en Estoril (Portugal).

A esa cumbre, que se celebró meses después del golpe de Estado que había destituido a Manuel Zelaya, acudió todavía una ministra del depuesto Gobierno hondureño.

Lobo, elegido presidente en diciembre, no fue invitado a la cumbre de 2010 en Mar del Plata (Argentina) y en 2011, normalizadas ya las relaciones con la comunidad iberoamericana, no acudió a la reunión de Asunción por la situación de emergencia que habían provocado torrenciales lluvias en el país.

Más de un mandatario latinoamericano ha dado ya muestras de cansancio ante el exceso de reuniones en la región y Cádiz puede ser el foro en el que se decida que las cumbres iberoamericanas se conviertan en bienales.

En una reciente entrevista con Efe, el secretario general Iberoamericano, Enrique Iglesias, retomó esta vieja propuesta que permitiría, a su juicio, preparar mejor las reuniones para revitalizarlas como foro de debate y acuerdo.