El islamista Mohamed Morsi prometió un "nuevo Egipto" y apoyo inquebrantable al poderoso Ejército al juramentar el sábado para suceder a Hosni Mubarak, quien fuera depuesto hace 16 meses.

Posteriormente, dijo en un discurso que su gobierno apoyará los "derechos legítimos" de los palestinos y seguirá cumpliendo con los tratados internacionales, en una alusión apenas velada al tratado de paz de 1979 entre Israel y Egipto.

En una solemne ceremonia de inauguración ante la Corte Constitucional Suprema, Morsi también se convirtió en el primer presidente islamista elegido libremente en el mundo árabe y el quinto líder de estado en Egipto desde que se derrocó la monarquía hace unos 60 años.

"Aspiramos a un mejor mañana, un nuevo Egipto y una segunda república", dijo Morsi ante los jueces con sus togas negras en los tribunales a un lado del Nilo que fueron construidos para que rememorara un antiguo templo egipcio.

"Hoy, el pueblo egipcio puso los cimientos para una nueva vida: libertad absoluta, una genuina democracia y estabilidad", dijo Morsi, un ingeniero de 60 años entrenado en Estados Unidos y que forma parte de la Hermandad Musulmana, un grupo fundamentalista que ha pasado la mayor parte de los 84 años transcurridos desde su inicio como una organización proscrita, atacada por los sucesivos gobiernos.

Posteriormente ofreció su discurso de inauguración en una sala gigantesca de la Universidad de El Cairo atestada por miles de personas, incluyendo miembros del parlamento dominado por islamistas que fue disuelto por el ejército a principios de junio.

Morsi repitió su juramento y elogió con generosidad al ejército, que por medio de varios decretos este mes le ha quitado importantes facultades a la presidencia, arrogándose el poder legislativo y el control del proceso de redactar una constitución permanente. Asimismo, ha mantenido su influencia en importantes asuntos locales y políticas internacionales.

"Las fuerzas armadas son el escudo y la espada de la nación", dijo. "Prometo ante Dios que voy a garantizar que la institución, soldados y comandantes, aumenten su prestigio y apoyarlos con todos los poderes de que dispongo para que se fortalezca".

Sin embargo, también instó de alguna manera al ejército a entregar todos los poderes al gobierno elegido.

"El Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas ha cumplido su promesa de no ser un sustituto de la voluntad del pueblo y ahora las instituciones elegidas volverán a tener las responsabilidades cuando el glorioso ejército vuelva a dedicarse a su misión de defender la seguridad y fronteras de la nación", dijo.

El jefe del consejo supremo, Hussein Tantawi asistió junto con otros generales. A su llegada al salón se coreó "el ejército y el pueblo son una mano". Tantawi y el general Sami Anan, el poderoso jefe de gabinete, escucharon impertérritos el discurso, al que aplaudieron en unas pocas ocasiones.