El presidente panameño, Ricardo Martinelli, cumple el 1 de julio su tercer año en el poder en medio de crecientes críticas al manejo económico de la pujante Panamá y al estilo "autoritario" de su Gobierno, que sus seguidores defienden como "efectivo" y conectado con las necesidades sociales.

Hace tan solo dos semanas, el gobernante y magnate de supermercados debió frenar en seco el avance de dos proyectos en el Legislativo, donde cuenta con la mayoría de diputados, debido a las fuertes protestas opositoras que durante dos días se registraron tanto a las puertas como en el interior de la Asamblea Nacional.

Se trataba de iniciativas para permitir la venta del 49 % de las acciones que conserva el Estado en las empresas eléctricas y en la telefónica, privatizadas a finales de 1990, y para aprobar la designación de tres magistrados de una polémica Sala Constitucional del Supremo creada en 1998 pero que nunca ha sido instalada.

La oposición denunció que ambos proyectos lesionaban el patrimonio económico e institucional del país y que fueron llevados al Parlamento sin someterlos a una amplia consulta, en lo que, a su juicio, fue otra muestra del "autoritarismo" de Martinelli.

En medio de la crispación, el Gobierno tuvo que admitir la existencia de un agujero fiscal de 400 millones de dólares este año y que requería vender las acciones públicas para cubrirlo.

Martinelli siempre ha presentado la política económica como su mayor trofeo y la defiende con cifras: un 10,5 % de crecimiento en el 2011, grado de inversión otorgado por tres calificadoras internacionales de riesgo y un desempleo de 4,5 %, entre otros.

Los analistas coinciden en que la política expansionista basada en el desarrollo de grandes proyectos como el Metro de la capital, la ampliación del Canal y del aeropuerto internacional de Tocumen, así como la construcción de carreteras, hospitales y viviendas, apuntala el producto interno bruto (PIB) de Panamá.

El 'mea culpa' del ministro de Economía y Finanzas, Frank De Lima, por el hueco en el presupuesto, llegó poco después de que la aplanadora oficialista en el Parlamento aprobara elevar hasta 2,9 % el tope del déficit fiscal de 2012, en otra decisión que generó reclamos opositores por un supuesto endeudamiento "irresponsable".

Pero esos fueron solo dos capítulos en la constante fricción entre Martinelli y su joven partido Cambio Democrático (CD) con sus principales oponentes: el Partido Panameñista, su exaliado en el gobierno, y el Revolucionario Democrático (PRD), ambos tradicionales.

De la mano de la ya extinta Alianza para el Cambio, Martinelli y Juan Carlos Varela, líder del panameñismo y vicepresidente del país, llegaron al poder en 2009, en una unión que muchos tildaron de antinatural y que, tras meses de distanciamiento, se rompió definitivamente el 30 de agosto de 2011.

A mediados de este junio nació otra alianza, el Frente por la Democracia, integrado por el PRD, el Partido Panameñista y el Partido Popular, para afrontar el "peligro" que consideran que Martinelli representa para la institucionalidad y las libertades.

Supuesta corrupción, amiguismo, compra de conciencias, intromisión en los poderes Legislativo y Judicial, falta de diálogo e intenciones de repetir en el cargo en 2014 -algo que prohíbe la Constitución- son otras reiteradas denuncias opositoras.

Martinelli niega las denuncias de sus detractores, entre los que cuenta a los grandes medios locales, los acusa de manipular la realidad para engañar al pueblo y les exige que lo dejen trabajar.

Pero el gobernante también parece gozar la polémica, y hace pocas semanas echó leña al fuego cuando habló de la necesidad de que su partido continúe en el poder en el 2014 para mantener, entre otros, programas sociales que benefician a estudiantes y ancianos.

El diputado oficialista José Muñoz dijo a Efe que la oposición política acusa a Martinelli de autoritario porque "tienen el gran temor de que con la gran cantidad de obras que desarrolla su gobierno el pueblo vote nuevamente en el 2014 por el partido CD".

"El presidente va a cumplir con un 80 o un 90 % de la promesa electoral (...) hemos tenido desaciertos, pero en el fondo la gran mayoría de las cosas se están haciendo", dijo el dirigente del CD.

El expresidente panameño Ernesto Pérez Balladares (1994-1999) opinó por su parte que, aunque Martinelli "ha iniciado obras ampliamente reclamadas por la sociedad, hay una percepción muy generalizada de que no han sido adjudicadas de manera transparente".

"Ha habido una permanente confrontación con diferentes sectores que se habría evitado si se hubiera tenido mayor transparencia y consulta", afirmó el exmandatario y dirigente del PRD a Efe.

Más allá de la diatriba política, las encuestas coinciden en que lo que más preocupa a la mayoría de los 3,4 millones de habitantes de este pequeño país, de poco más de 75.500 kilómetros cuadrados, son el alto costo de la vida y la inseguridad.

La inflación acumuló un 3,2 % entre enero y mayo pasados, mientras que la tasa anual de homicidios se ubicó en 2011 en 19,3 por cada 100.000 habitantes, menor a la de 23,2 de 2009, según datos oficiales.