En una ceremonia solemne, el papa Benedicto XVI impuso el viernes el palio, símbolo de comunión con el Obispo de Roma, a 13 arzobispos latinoamericanos metropolitanos nombrados en el último año, de los cuales siete son de Brasil, dos de México y uno de Argentina, Guatemala, Perú y Venezuela.

En total, el Pontífice consignó el Palio a 44 arzobispos metropolitanos de todo el mundo, que impone cada año en la festividad de Pedro y Pablo, y dos lo recibieron en sus sedes metropolitanas.

Como es tradición, asistió una delegación del Patriarcado ecuménico de Constantinopla, la más influyente iglesia ortodoxa del mundo.

La iglesia ortodoxa también venera a San Pedro y San Pablo como patrones de la Iglesia Universal.

El palio es una banda blanca de lana bordada que Benedicto XVI puso sobre los hombros de cada arzobispo, una indumentaria litúrgica en forma de collarín, tejida con lana de color blanca y bordada con una serie de cruces negras.

En esta oportunidad, el rito, cuyo origen se remonta al siglo IV, tuvo lugar antes de la misa y no durante la misma, como ocurría en el pasado para abreviar su duración. Además de los arzobispos metropolitanos, lo utilizan también el patriarca latino de Jerusalén y el decano del Colegio Cardenalicio.

En la homilía, el Pontífice señaló que "en el evangelio emerge con fuerza la clara promesa de Jesucristo: las puertas de las fuerzas del mal no prevalecerán".

Los corderos con cuya lana se confecciona el palio son criados en el convento de vida contemplativa de santa Inés en Roma, que el Papa bendice en la festividad de santa Inés, el 21 de enero.

Las religiosas extraen la lana y los elaboran y los depositan bajo el altar principal de la Basílica vaticana, hasta el día de la ceremonia de entrega a los arzobispos.

El grupo más numeroso que recibió el palio está formado por 22 prelados de América, seguido por 9 de Asia, 8 de Europa, 4 de Africa y 3 de Oceanía.

Los nuevos arzobispos metropolitanos latinoamericanos son: Francisco Robles Ortega, arzobispo de Guadalajara y Jesús Carlos Cabrero Romero, arzobispo de San Luis Potosí (México); Alfredo Horacio Zecca, arzobispo de Tucumán (Argentina; Mario Alberto Molina Palma, arzobispo de Los Altos, Quetzaltenango-Totonicapán (Guatemala); Salvador Piñeiro García-Calderón, arzobispo de Ayacucho o Huamanga (Perú); Ulises Antonio Gutiérrez Reyes, arzobispo de Ciudad Bolívar (Venezuela).

De Brasil, Wilson Tadeu Jönck SCI, arzobispo de Florianópolis, José Francisco Rezende Dias, arzobispo de Niterói, Esmeraldo Barreto De Farías, arzobispo de Porto Velho, Jaime Vieira Rocha, arzobispo de Natal, Airton José dos Santos, arzobispo de Campinas, Jacinto Furtado De Brito Sobrinho, arzobispo de Teresina , Paulo Mendes Peixoto, arzobispo de Uberaba.

Recibieron el palio en sus sedes metropolitanas: Gabriel Justice Yaw Anokye, arzobispo de Kumasi (Ghana) y Valéry Vienneau, arzobispo de Moncton (Canadá).