La líder opositora birmana Aung San Suu Kyi concluyó hoy en París una histórica gira europea en la que fue recibida con honores reservados a los jefes de Estado y pudo agradecer en persona el Nobel de la Paz que se le concedió en 1991.

La llamada "Dama" de Rangún inició este viaje el pasado 13 de junio en Suiza y desde allí se dirigió a Noruega, Irlanda y el Reino Unido, antes de llegar el pasado martes a Francia, donde se encontró con las principales autoridades galas.

Mantenida en arresto domiciliario durante mas de quince años en las últimas dos décadas, la opositora ha transmitido en este viaje un optimismo prudente ante las recientes reformas políticas en su país y ha solicitado cooperación internacional e inversiones que refuercen el proceso de democratización.

En una conferencia de prensa tras reunirse en París con el presidente galo, François Hollande, Suu Kyi, consciente de la atención centrada sobre su persona, agradeció el apoyo y la calidez recibida, pero recalcó que nunca ha querido que se cree en torno a ella un "culto a la personalidad".

La jefa de filas de la oposición birmana, que logró un escaño en el Parlamento de su país el pasado 1 de abril, destacó no obstante que aunque es posible que las autoridades birmanas puedan malinterpretar esos honores, deben considerarlos una oportunidad para el país.

"Se lo deben tomar de manera positiva. Deben verlo no como un apoyo a mi causa, sino a la causa birmana. Es un apoyo a la democracia y los derechos humanos, que debe enviar una señal fuerte al gobierno birmano, de que si vamos hasta el final del proceso de reformas, tendremos mucha ayuda", añadió en una entrevista concedida en el diario "Le Monde".

La activista ha evitado en sus diferentes comparecencias transmitir un mensaje de rencor hacia la Junta que la tuvo retenida, asegurando, como hizo en París, que no ve a los miembros del régimen como a gente que le quitó la libertad, sino como a personas con las que le gustaría trabajar para reformar el país.

Entre las propuestas que defendió como posibilidades de futuro se encuentra la de un Estado federal, que sepa integrar las aspiraciones de las diferentes etnias, y con el que se haga entender a la Junta que no es más que "un reparto de las tareas entre el Gobierno central y los otros poderes, sean cuales sean sus nombres".

Y uno de los momentos más destacados fue cuando 21 años después de haber sido distinguida con el Nobel, pudo pronunciar el discurso que los galardonados ofrecen tradicionalmente al recibirlo, en el que agradeció que ese galardón atrajera "la atención del mundo sobre la lucha por la democracia y los derechos humanos en Birmania".

Pero más de un año después de que se iniciara en el país el proceso de transición, tanto ella como uno de los colaboradores que la han acompañado recordaron que ese combate está todavía lejos de su término.

"No creáis demasiado que Birmania está cambiando mucho. Si la censura ya no prohíbe el nombre de Aung San Suu Kyi, porque es demasiado sensible, lo sigue haciendo con el mío", aseguró Zayar Thaw, 'rapero' y diputado de su mismo partido, la Liga Nacional por la Democracia.