La nadadora Penny Palfrey se disponía a lograr un récord al cruzar el estrecho de la Florida el viernes, una travesía de 166 kilómetros (103 millas) a nado sin ayuda que pone a prueba los límites de la resistencia humana y la voluntad del alta mar.

Cubierta por bloqueador solar y lubricante para evitar una irritación, la mujer británico-australiana se despidió los espectadores, se echó un clavado al mar tranquilo y cálido de La Habana y empezó a bracear lentamente hacia el norte con un kayak como escolta.

"Hay mucho trabajo detrás de esto realizado durante el año pasado", dijo Palfrey, al agradecer a su esposo, su equipo y a los funcionarios cubanos que ayudaron a realizar el viaje. "Todo se juntó y es muy emocionante que finalmente llegue a este punto para comenzar".

Luego de su partida, un miembro del equipo de Palfrey mantenía al tanto a los aficionados mediante las redes sociales electrónicas.

"Nadando duro. Buenas condiciones. Algunas medusas, pero nada malo", decía una de las publicaciones en Twitter. A media mañana ya había cubierto más de 8 kilómetros (más de 5 millas) desde la marina.

Palfrey tendrá que lidiar con la fatiga mental y física mientras evita la deshidratación, hipotermia y la peligrosa vida marina. Ella calcula que le llevará entre 40 y 50 horas lograr cruzar y las corrientes determinarán el sitio donde toque tierra en Florida.

Si Palfrey consigue la hazaña, ingresará a los libros de récords como la primera mujer en nadar el estrecho sin ayuda ni una jaula contra tiburones. Ella depende de equipo que la rodea con un campo eléctrico para impedir que los predadores se acerquen.

La australiana Susie Maroney cruzó el estrecho en 1997 a los 22 años, pero con una jaula contra tiburones. La estadounidense Diana Nyad lo ha intentado sin la jaula en tres ocasiones, sin éxito, incluyendo dos el año pasado antes y después del día de su cumpleaños 62, pero planea volver a intentarlo de nuevo este verano.

Palfrey, madre y abuela de 49 años, es 13 años más joven que Nyad.