Una serie de explosiones de bombas y tiroteos en varios puntos de Irak dejaron el jueves 22 muertos y más de 50 heridos, informaron las autoridades sobre los nuevos incidentes de un recrudecimiento de la violencia que hizo de junio el mes más cruento en el país durante casi medio año.

Los ataques, cometidos en vecindarios de la mayoría chií y contra las fuerzas de seguridad, no estuvieron al parecer en su mayoría relacionados entre sí. No obstante, mostraron los riesgos persistentes en Irak, aunque la violencia ha disminuido considerablemente en comparación con algunos años atrás cuando el país parecía hundirse en una guerra civil. En el transcurso de un mes, al menos 200 personas han muertos en ataques.

El atentado más mortífero del jueves ocurrió a las 09:30 de la mañana en Washash, un vecindario chiíta en el oeste de Bagdad, donde un taxi hizo explosión frente a un mercado local. Ocho personas murieron y 26 quedaron heridas, dijeron funcionarios de la policía y de un hospital.

Hadil Maytham y sus dos hijos almorzaban en su casa cuando escucharon una explosión. "Sacudió las puertas y la ventanas de la casa", dijo Maytham, de 28 años. "Luego escuchamos disparos, posiblemente de la policía que generalmente dispara al azar luego de explosiones".

Los atentados con explosivos son por lo general una característica de los rebeldes suníes, vinculados con al-Qaida, y la comunidad chií es uno de sus principales objetivos.

En la madrugada del jueves, una bomba colocada junto a un camino detonó al paso de la patrulla de la policía en un barrio chií del sur de Bagdad. Una persona falleció y seis sufrieron lesiones.

Otros dos ataques en lugares chiíes del noroeste de Bagdad hirieron a cinco personas, dijo la policía.

Los suníes son también víctimas frecuentes de ataques, en particular funcionarios y miembros de las fuerzas de seguridad.

En la ciudad suní de Taji, al norte de Bagdad, dos automóviles estacionados a unos 100 metros (yardas) entre sí explotaron en la madrugada frente a la oficina del alcalde, informó la policía. El edil no estaba en su despacho al momento del ataque, pero el estallido mató a cinco personas e hirió a 18, además de que provocó hoyos en casas cercanas.

El aumento reciente en los ataques ocurre mientras el gobierno lleva meses sumido en una crisis política, mientras chiíes, suníes y curdos exigen la renuncia del primer ministro, Nuri al-Maliki, por marginar a sus adversarios políticos. El conflicto ha casi paralizado al gobierno.