El banco del Vaticano, una de las instituciones más herméticas en la hermética sede de la Iglesia católica, abrió sus puertas el jueves a los periodistas en un intento por demostrar su seriedad en el combate contra el lavado de dinero y en tener mayor transparencia financiera.

Durante una presentación de casi tres horas con el programa PowerPoint, Paolo Cipriani, director del banco, esbozó la naturaleza peculiar del Instituto para las Obras Religiosas — nombre oficial de la institución bancaria — y buscó refutar las críticas de los medios de comunicación de que ha cooperado muy poco con las solicitudes de las autoridades italianas para que les proporcione información financiera.

Desde hace mucho tiempo el banco ha sido sujeto de rumores y escándalos, que en parte se granjeó por el papel que desempeñó hace dos décadas en uno de los derrumbes bancarios más espectaculares de Italia, y por las actuales sospechas de los investigadores italianos de que no se ha apegado a las normas para combatir el lavado de dinero.

En la primera conferencia de prensa que concede, Cipriani dijo que su objetivo al presentarse ante los reporteros era "retirar el velo y la sombra del pasado y hacer el mayor esfuerzo para respetar las necesidades de la Santa Sede".

Sin embargo, se prohibió el ingreso de cámaras de televisión y de dispositivos de grabación, y Cipriani no aceptó preguntas espontáneas de los periodistas. En lugar de ello, el vocero del Vaticano eligió algunas que habían sido presentadas de antemano y se las dio a Cipriani, un italiano afable de hablar rápido que de todas formas parecía un poco abrumado por el encuentro.

La visita se efectuó la víspera de que una comisión del Consejo de Europa tome una decisión crucial en torno a si el Vaticano se ha apegado a una serie de normas para combatir el lavado de dinero y el financiamiento a terroristas.

Si la sede de la Iglesia católica recibe una buena calificación en cuanto a su cumplimiento con dichas normativas, ello incrementará sus oportunidades de lograr ingresar a la así llamada "lista blanca" de países que comparten información financiera, un objetivo en el que tanto el pontífice como Cipriani tienen profundo interés, ya que el banco mantiene tratos con instituciones financieras que exigen que sus libros contables estén limpios.

El Instituto, conocido por su acrónimo italiano de IOR, fue fundado en 1942 por el papa Pío XII para que administrara los activos destinados a las obras religiosas y de caridad. Ubicado en una torre dentro de la Ciudad del Vaticano, no está abierto al público.

Maneja unas 35.000 cuentas que pertenecen a congregaciones religiosas, diócesis, oficinas de la Santa Sede y funcionarios del Vaticano.

Cipriani dijo que la institución tiene unos 6.000 millones de euros (7.500 millones de dólares) en activos y efectúa inversiones conservadoras que se busca sean éticas, de las cuales aproximadamente el 5% están en el mercado bursátil y la mayoría en bonos.