La decisión de la Corte Suprema que ratificó la ley de reforma del sistema de salud, aprobada por 5-4, constituye una gran victoria política para el presidente Barack Obama en medio de la campaña electoral, así como para los demócratas en su vieja aspiración de ampliar la cobertura a los millones de estadounidenses que todavía carecen de ella.

Sin embargo, a la vez que avanzan los enormes cambios que impone la ley, lo mismo sucede con la controversia política.

De ello tratarán de asegurarse el candidato presidencial republicano Mitt Romney y sus correligionarios, que intentarán conservar e incluso ampliar su mayoría en el Congreso, apoyándose en la declaración del presidente de la corte, John Roberts, de que la ley aplica un nuevo impuesto a quien se niegue a adquirir un seguro de salud.

La sentencia resultó tan rica en ironía como en significado histórico.

Por segunda vez en cuatro días — el lunes, un fallo de la corte anuló buena parte de la ley de inmigración de Arizona_, una mayoría encabezada por Roberts ratificó la posición del gobierno sobre un asunto contencioso, de gran repercusión, que alborota la política nacional desde hace años.

El presidente de la corte asumió en 2005 como la gran estrella de una joven generación de jurisconsultos conservadores, un hombre cuyo currículum parece insinuar que lo habían formado para ocupar ese puesto. Con destreza, desarmó a sus detractores en la audiencia de confirmación cuando dijo, empleando una metáfora del béisbol, que el papel del juez es el de un árbitro, no el de un jugador.

Uno de quienes tuvo dudas en ese momento fue el entonces senador Barack Obama, quien buscaba el apoyo del ala izquierda para obtener la candidatura presidencial de su partido. Dijo que Roberts estaba capacitado para ingresar a la corte, pero que durante su carrera había "utilizado su notable destreza en apoyo de los fuertes contra los débiles".

En este caso, al menos, Roberts aparentemente falló con extrema renuencia.

"No tenemos en cuenta si (la ley) incorpora políticas sanas", escribió acerca de la norma que los republicanos juran derogar. "Ese juicio corresponde a los líderes electos de la nación".

La discrepancia entre los legisladores de ambos partidos es tan profunda, que ni un solo republicano votó a favor del proyecto de ley cuando fue aprobado en 2010. Las encuestas de entonces, como las de ahora, indican que la mayoría de la población rechaza la ley, como reconoció Obama en declaraciones en la Casa Blanca.

"A esta altura debería estar bastante claro que no hice esto por conveniencia política", dijo. "Lo hice porque me parece que es bueno para el país. Lo hice porque me parece que es bueno para el pueblo estadounidense".

Los republicanos no reaccionaron precisamente con discreción.

Ya habían aclarado que tratarían de derogar cualquier parte de la ley que la corte dejara en pie y el fallo de Roberts parece darles argumentos para toda la campaña.

"Nuestra misión es clara", dijo Romney en un discurso al otro lado de la calle frente al Capitolio. "Si queremos deshacernos del 'Obamacare', tenemos que reemplazar al presidente Obama".

"Obamacare" es la forma en la que los republicanos se refieren burlonamente de la ley, mediante una palabra que mezcla Obama y Medicare, el seguro médico para personas de 65 años o más.

Con todo, el presidente y los partidarios del proyecto tienen a la Corte Suprema y la ley de su parte y un camino algo más expedito hacia su puesta en vigencia.