Policías de Bolivia regresaron a patrullar a las calles tras un motín de seis días por mejoras salariales que puso en jaque al gobierno de Evo Morales.

Un acuerdo firmado en la madrugada del miércoles entre el gobierno y delegados policiales puso fin a la protesta de la tropa policial, informó el viceministro de Régimen Interior Jorge Pérez.

El campamento que los sublevados levantaron tras la toma violenta un cuartel policial la semana pasada a pocos pasos del palacio presidencial fue retirado tras la firma del acuerdo. Sólo quedaron las cenizas de la última fogata en medio de la calle.

El mandatario también retomó sus actividades con su habitual reunión de gabinete del miércoles. Las puertas del palacio presidencial fueron abiertas y la rutina regresó a la plaza Murillo, centro político del país y epicentro de las protestas policiales.

Morales acusó a los policías sublevados de confabular un "golpe de Estado" en su contra pero el acuerdo firmado por tres de sus ministros, entre ellos el de Gobierno Carlos Romero, dice que fue un "movimiento de reivindicación social".

El gobierno aceptó incrementar un equivalente de 14 dólares el salario del policía de base, no procesar a los sublevados, reformar una dura norma disciplinaria y dotar de alimentos a la tropa de unos 28.000 efectivos.

"No es lo que esperábamos pero acatamos el acuerdo", dijo el sargento Omar Huayllani, uno de los líderes de la protesta. "Todo está volviendo a la normalidad", sostuvo el comandante de La Paz, coronel Rosalio Alvarez.

Aunque Morales afronta desde hace más de un año una espiral de protestas de distintos sindicatos, la de la policía fue la más complicada porque dejó desprotegidas a las ciudades y al palacio presidencial, objetivo de las manifestaciones callejeras.

Entrenados para reprimir a los manifestantes, esta vez fue la propia tropa policial que puso en riesgo la seguridad, tomó las calles y se manifestó frente a las puertas del palacio presidencial que permaneció cerrado y fuertemente resguardado por militares en su interior.

A la toma violenta de un cuartel policial siguió el pasado viernes el saqueo de una oficia policial y la quema de archivos disciplinarios.

Pero los conflictos no acaban para Morales cuya popularidad ha descendido en torno al 43% según varias encuestas. No obstante, el mandatario mantiene apoyo sobre todo de sectores rurales.

Mientras los policías regresaban a patrullar las calles el miércoles, una columna de un poco más de un millar y medio de indígenas amazónicos hacía su ingreso a esta ciudad tras caminar dos meses para rechazar la construcción de una carretera por medio de una rica reserva natural que impulsa el mandatario.