Con bastante frecuencia, en estos días la primera orden del día en las cumbres de la Unión Europea no requiere abocarse a la crisis financiera que conmueve la región, sino conocer a los interlocutores.

El grupo de líderes que se reunirán esta semana en Bruselas es muy diferente del que se congregó en octubre del 2009, cuando estalló por primera vez la crisis europea ante la comprobación de que Grecia atravesaba enormes dificultades.

Ya no está el pintoresco y a veces embarazoso primer ministro italiano Silvio Berlusconi, que fue reemplazado por el tecnócrata Mario Monti. Europa le ha dicho adiós al hipercinético presidente francés Nicolas Sarkozy para recibir al más asentado François Hollande. El ceño fruncido del primer ministro británico Gordon Brown ha dado lugar a los aires juveniles de David Cameron. Y Mariano Rajoy representará a España en vez de José Luiz Rodríguez Zapatero.

En esta cumbre, los líderes estaban preparados para estrechar la mano del nuevo primer ministro griego Antonis Samaras, hasta que una cirugía ocular urgente lo obligó a quedarse en su país.

El carrusel de los líderes europeos plantea la cuestión de cómo Europa podrá poner en práctica decisiones osadas y urgentes cuando no está en claro quién estará a cargo en unos pocos meses.

Las alianzas cultivadas cuidadosamente pueden quedar atrás en el vértigo de la política parlamentaria. Los expertos se preguntan de qué modo puede forjar Europa una visión unida para el futuro cuando la inestabilidad subyace en el mismo corazón del sistema democrático continental.

De los 27 países de la Unión Europea, más de la mitad — catorce — han cambiado de líder desde que comenzó la crisis hace poco más de dos años y medio. Solamente un dirigente nacional ha permanecido constante durante toda la crisis: la canciller federal alemana Angela Merkel. Y su poder de permanencia, al comando de la mayor economía europea, ha impulsado el papel dominante de Alemania en la toma de decisiones del continente.

Parece que cada vez que se reúnen los líderes hay caras nuevas. En la cumbre más reciente, en mayo, fue Hollande. El año pasado tuvieron que familiarizarse con Monti, Rajoy y el griego Lucas Papademos, en el término de un par de meses.

Uno de los interrogantes es si los constantes cambios han desacelerado la repuesta a la crisis financiera. Algunos creen que puede haber sido así, ya que la diplomacia de alto nivel se desenvuelve forjando relaciones personales.

"Los hombres y mujeres en los círculos más altos de la política internacional son intérpretes de personas en vez de lectores de periódicos, y por lo tanto depositan más fe en sus propias impresiones personales que en las formas de comunicación diplomática escrita, más tradicional", escribió Jan Melissen, del instituto Clingendael de relaciones internacionales en Holanda, en un estudio sobre las cumbres diplomáticas.

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