El 48 por ciento de los brasileños reconoce que consume agua sin preocuparse con su desperdicio y 30 por ciento asegura demorarse más de 10 minutos en el baño, según los resultados de una encuesta divulgada hoy por la organización no gubernamental internacional WWF.

Además, el 45 por ciento admite que no adopta ninguna medida que pueda reducir el consumo de agua, como la de simplemente cerrar el grifo mientras se cepilla los dientes.

Ante ese consumo sin control, el 80 por ciento de los brasileños reconoce que podrá tener problemas de abastecimiento de agua en el futuro y 68 por ciento admite que el desperdicio será la principal causa de ese problema.

Según la encuesta que WWF encomendó al Instituto Ibope y que escuchó en noviembre pasado a 2.002 personas en 26 de los 27 estados de Brasil, el brasileño no sólo admite que desperdicia agua pese a estar consciente de que tienen que economizarla sino que no pone en práctica medidas que conoce y que ayudarían a reducir el consumo.

Lo más grave es que una encuesta similar realizada hace cinco años mostró que la preocupación era mayor entonces. En 2006 sólo el 37 por ciento dijo consumir agua sin preocuparse con su desperdicio y 18 por ciento admitió demorarse más de 10 minutos en el baño.

Según el coordinador del Programa Agua para la Visa de WWF-Brasil, Glauco Kimura de Freitas, una persona gasta 100 litros de agua en un baño de 10 minutos.

Pese a que la agricultura consume el 70 por ciento del agua usada en Brasil, el 81 por ciento de los encuestados considera que los mayores consumidores son la industria y las residencias.

El sondeo mostró igualmente que el 67 por ciento de las residencias brasileñas enfrenta algún tipo de problema por falta de agua y que el recurso ya es escaso en el 29 por ciento de los domicilios del empobrecido y árido nordeste brasileño.

Según datos citados por WWF, el consumo promedio de agua del brasileño es de 185 litros diarios por habitante, por debajo del europeo (200 litros) pero muy superior al de regiones en donde el recurso es escaso como el propio nordeste brasileño (100 litros) o África subsahariana (menos de 50 litros).