El presidente electo de Egipto, el islamista Mohamed Mursi, inició hoy consultas para lograr un consenso que le permita afrontar la división que persiste en el país, un día después de ser proclamado vencedor de las elecciones presidenciales.

Mursi, que obtuvo un 51,7 % de los votos, se reunió con el jefe de la Junta Militar, el mariscal Husein Tantaui, a quien agradeció el papel de la cúpula castrense durante la transición y su respeto de la voluntad del pueblo egipcio, difundieron los medios oficiales egipcios.

Tantaui remarcó, por su lado, su apoyo al presidente electo y aseguró que "trabajarán a su lado para garantizar la estabilidad" de Egipto.

Según publicó la web del diario estatal "Al Ahram", el Consejo Superior de las Fuerzas Armadas traspasará el poder a Mursi la tarde del próximo sábado 30 de junio, después de que éste jure el cargo ante el Tribunal Constitucional ese mismo día.

Uno de los principales desafíos a que enfrenta Mursi es lidiar con el miedo y los recelos ante una administración islamista de una parte de la población, en especial los sectores más liberales y laicos.

Por ello, sus primeras palabras tras anunciarse su victoria estuvieron centradas en llamar a la unidad del país y subrayar que será el presidente de "todos los egipcios".

En esta línea, Mursi abordó este lunes la creación de un "equipo presidencial" y comenzó las gestiones para formar un nuevo Gobierno que incluya a distintas tendencias.

Jaled Tantaui, miembro del Partido Libertad y Justicia (PLJ), a cuya militancia Mursi renunció el domingo, expresó a Efe su confianza en que el presidente electo mantendrá su promesa de que en el próximo gobierno esta formación no será la fuerza mayoritaria.

"Es importante lograr un consenso e incluir a todas las fuerzas políticas en el futuro Ejecutivo para poder ejercer una mayor presión contra la Junta Militar", aseguró junto a una de las numerosas tiendas levantadas en la cairota plaza Tahrir.

En este punto del corazón de la capital egipcia, los islamistas mantienen una acampada y sus protestas contra las últimas decisiones de los dirigentes castrenses y del Tribunal Constitucional.

Los manifestantes protestan desde hace una semana contra las enmiendas constitucionales aprobadas por la Junta Militar, que le conceden grandes prerrogativas ejecutivas, y contra la disolución de la Cámara Baja del Parlamento ordenada por el Constitucional.

Para Jaled Tantaui, es necesario continuar en la plaza porque por el momento solo han logrado "evitar el fraude electoral", pero las citadas medidas siguen en pie.

La última semana, en la que tanto Mursi como el candidato rival, el militar retirado Ahmed Shafiq, se atribuyeron la victoria, corrió el rumor de que los resultados de los comicios podían ser manipulados a favor del segundo, que para muchos contaba con el respaldo de la Junta Militar.

El futuro del Parlamento, constituido en enero pasado bajo el dominio de los islamistas, y la redacción de una nueva Constitución son algunas de las principales cuestiones pendientes que Mursi y los dirigentes castrenses deberán negociar.

Aunque el domingo un portavoz de la campaña de Mursi aseguró que el nuevo presidente juraría su cargo ante el Parlamento, al ser "la única entidad legítima elegida por el pueblo egipcio", un dirigente del PLJ, Sobhi Saleh, confirmó este lunes que finalmente lo hará ante el Tribunal Constitucional.

Saleh precisó que el hecho de que Mursi jure ante esta corte no significa su reconocimiento de la disolución del Parlamento, ordenada por la citada corte la semana pasada.

Mursi también se entrevistó este lunes en el Palacio Presidencial con el primer ministro egipcio, Kamal Ganzuri, quien presentó poco después su dimisión ante la Junta Militar, que todavía detenta el poder ejecutivo.

El ministro egipcio de Turismo, Munir Fajri Abdel Nur, explicó a Efe que todos los miembros del gabinete renunciaron pero continuarán en sus cargos en funciones hasta que Mursi nombre un nuevo gobierno.

Egipto ha entrado en una nueva etapa en la que Mursi tratará de marcar distancias con su predecesor, el derrocado Hosni Mubarak, como quedó en evidencia en esta primera jornada.

Si cada vez que Mubarak se trasladaba por El Cairo colapsaba la ciudad ante el apabullante dispositivo de seguridad que lo acompañaba, el primer viaje de Mursi de su casa al Palacio Presidencial no provocó el cierre de ninguna calle, según han recogido con cierta ironía los medios egipcios.