En lo que concierne a la presidencia, los electores mexicanos parecen hartos y listos para echar al partido gobernante. Pero en la capital del país, esa suerte de isla progresista conocida como la Ciudad de México, los electores ratificarán casi seguramente al partido político de izquierda que ostenta el poder desde las elecciones de 1997.

El candidato a jefe de gobierno (alcalde) de la Ciudad de México, Miguel Angel Mancera del Partido de la Revolución Democrática (PRD), tiene una ventaja asombrosa de unos 50 puntos en los sondeos previos a los comicios del 1 de julio, los cuales coinciden con la elección presidencial.

El PRD, que no la tiene fácil en el resto del país, espera una avalancha de sufragios favorables en la capital debido a que la metrópolis, en donde alguna vez cundía el miedo entre mexicanos y extranjeros por igual debido a la delincuencia callejera, los secuestros y la contaminación atmosférica, ahora luce en calma en medio de un país asolado por la violencia del narcotráfico.

Ha bajado la delincuencia. Las llamadas Ecobicis (sistema de alquiler de bicicletas por parte del gobierno local) y los autobuses "ecológicos" están por todos lados, y las leyes progresistas convierten a la ciudad en la Meca para el matrimonio entre homosexuales y los abortos legales y seguros, ambos casos impensables en el resto del país, conservador y católico. Un programa dominical de actividades, que cierra la avenida principal del país, Paseo de la Reforma, para los ciclistas y patinadores, ha creado una creciente sensación de comunidad incluso en una ciudad de este tamaño, mientras que el gobierno ahora da pensiones a los ancianos y ayuda a las madres solteras.

"Hay un cambio en la ciudad, más liberal, más progresista", dijo Eva Villarreal, quien creció en la Ciudad de México y ahora trabaja como ejecutiva de televisión. Consideró que el cambio no se refleja necesariamente en una mayor conciencia política, sino en programas que convienen a los ciudadanos.

En el resto del país, los votantes están cansados de la violencia por el narcotráfico que ha dejado a más de 47.500 personas muertas, y por la falta de oportunidades económicas. Muchos se muestran tan deseosos de un cambio que están dispuestos para devolverle la presidencia a la vieja guardia, el Partido Revolucionario Institucional (PRI), a pesar de su reputación luego de 71 años de gobierno autocrático.

A nivel nacional, los electores rechazan al candidato presidencial del PRD Andrés Manuel López Obrador y al conservador Partido Acción Nacional (PAN) del presidente Felipe Calderón luego de 12 años de gobierno. Calderón no puede reelegirse y la candidata de su partido, Josefina Vázquez Mota, está en tercera posición en la mayoría de los sondeos.

Eso deja a la Ciudad de México como un laboratorio para un nuevo izquierdista y para un contrapeso político frente a lo que, según temen algunos, será el regreso de los oscuros días de un grupo político dominante.

"Yo creo que eso es lo que viene, si en julio empieza un nuevo proyecto de reforma de las fuerzas progresistas del país", dijo Manuel Camacho Solís, quien ejerce como coordinador de una amplia coalición de grupos de izquierda en México.

Bajo el mandato del PRI, el alcalde de la Ciudad de México era nombrado por el presidente. Desde que la ciudad obtuvo el derecho de elegir a su propio jefe de gobierno, el PRD, un partido que se formó de una escisión del PRI combinada con organizaciones de izquierda una década antes, ha ocupado el gobierno de la ciudad.

El puesto siempre ha sido una plataforma para postularse la presidencia. López Obrador, quien va en un lejano segundo puesto en la contienda presidencial, detrás del candidato del PRI Enrique Peña Nieto, estuvo cerca de ganar la presidencia en 2006 luego de un popular período al frente del gobierno de la capital.

Su sucesor, el también popular Marcelo Ebrard intentó contender esta vez y parece un candidato seguro para la contienda presidencial de 2018. El alcalde de la Ciudad de México sólo puede ejercer un período.

En esta contienda de 2012 para el gobierno de la capital, la campaña de Mancera gira en torno a su reputación como procurador general de la ciudad y una reducción de 12% en la criminalidad de 2010 a 2011. Las cifras federales muestran que bajo su período entre 2007 y 2011, los homicidios bajaron un 4% y los secuestros cayeron más de 50%, a pesar de que hubo un incremento en ambos crímenes en el resto del país.

Si bien la capital sigue teniendo entre un quinto y un cuarto de los robos violentos en el país, lo que supera con creces su cuota de población, no se han presentado las masacres, fosas comunes o tiroteos brutales protagonizados por los grupos de narcotráfico que asuelan otras partes del país.

La principal contrincante de Mancera, Beatriz Paredes del PRI, atacó el defecto más sensible del PRD, la pequeña corrupción y los sobornos pagados por las personas que necesitan permisos en la ciudad.

"Es obvio que transformar la corrupción en la Ciudad de México es un enorme desafío", dijo Paredes en un debate reciente, y "eso supone superar las mafias que anidan en corrientes del PRD".

Mancera, quien suele adoptar actitudes discretas y lucir imperturbable, se encogió de hombros, en parte debido a que la propia reputación del PRI como corrupto es legendaria, pero también porque él no forma parte del PRD. Ha trabajado para el gobierno del partido, pero nunca se ha unido. Algunos esperan que eso le dará una cierta independencia.

Mancera dijo que no veía la necesidad de unirse a ningún partido, una postura al parecer bien vista entre los mexicanos cansados de los partidos políticos del país. Sin embargo, le espera una enorme tarea en una urbe que genera 9.000 toneladas de basura al día y necesita repavimentar más de 13 millones de metros (16 millones de yardas) cuadrados de calles.

El mismo tamaño de la ciudad, junto con 13.000 cámaras de vigilancia y 70.000 elementos policíacos es lo que la mantiene al margen de la guerra del narcotráfico, dijo Mancera. El intrincado tránsito de la ciudad complica la transportación y sería difícil sobornar a toda la fuerza policial de la ciudad, como hacen los cárteles en localidades más pequeñas.

"Operativamente, no le resultaba fácil (la Ciudad de México), ellos (los narcotraficantes) andan en convoyes de cinco o seis vehículos, la seguridad también es importante para ellos", dijo Mancera. "La Ciudad de México es complicada para una operación, ostentosa, como la que ellos acostumbran".

Asimismo, ayuda el que, bajo los más recientes alcaldes del PRD, los sobornos (conocidos como "mordidas") que pagan los automovilistas cayeron dramáticamente. Actualmente, sólo algunos oficiales pueden emitir multas, mediante computadoras de bolsillo.

Los cambios han atraído a los votantes, pero también el estilo de Mancera.

"Es un político moderno, que conoce mundo, no echa rollo (no habla demasiado), no es barroco, es un político atípico", dijo la escritora Guadalupe Loaeza. "El envía una energía distinta, es un político independiente es completamente 'cool', es como nuestro George Clooney".