Alemania no es sólo Mesut Özil, el gran estandarte germano que por fin explotó en la Eurocopa con una exhibición frente a Grecia. Su entrenador, Joachim Löw, ayer sacó su fondo de armario para dejar claro que el conjunto germano tiene mucha variedad y buena.

Hasta el encuentro de cuartos de final, Alemania había mostrado a su artillería principal sin dejar ver otras armas secundarias de calidad asombrosa. En los dos primeros partidos, ante Portugal y Holanda, sacó el mismo once titular e hizo los mismos cambios en los últimos diez minutos.

En aquellas alineaciones estaban presentes jugadores de sobra conocidos como el portero Manuel Neuer, el defensa Phillip Lahm, los medios Mesut Özil, Lukas Poldolski, Sami Khedira y Bastian Schweinsteiger o el delantero Mario Gómez. Los minutos de la "basura" fueron destinados a Bender, Kross y Klose.

En el tercer partido, frente a Dinamarca, con la clasificación sellada y con el liderato del grupo por decidir, Löw apostó otra vez por los mismos futbolistas a excepción de Lars Bender, que sustituyó en el lateral derecho a Jerome Boateng. El chaval del Bayer Leverkusen, de 23 años, cumplió a la perfección y fue una de las sensaciones del encuentro. Además, marcó un gol. Con él, el técnico alemán, ofreció indicios de lo que tenía en el banquillo.

Fue la primera pista de que los suplentes de Alemania no habían venido de vacaciones. Muchos esperaban su oportunidad y contra Grecia, en lo que de antemano parecía una sorpresa, Löw sacó a sus cachorros a jugar. Por primera vez revolucionó el once y sentó a tres titulares habituales.

El delantero y referente arriba, con problemas físicos, dejo paso al incombustible Miroslav Klose. Tiene 34 años y no tiene nada que ver con las nuevas generaciones, pero se adapta a ellas a la perfección. Como novedades, le acompañaron otros dos jugadores casi inéditos: Schürrle y Reus. Dejaron fuera a Podolski y Müller.

Y cumplieron de sobra. André Schurrle, 21 años, del Bayer Leverkusen, fue un auténtico agobio para Grecia, que aguantó como pudo sus acometidas desde la izquierda. De medio campo hacia delante, en algunos momentos, rozó la perfección. Vertical como nadie, entraba como una bala por la banda izquierda con dos piernas que disparaban como fusiles Mauser.

En el otro lado, Löw colocó como segundo escudero de Özil a Marco Reus, que con tan solo 23 años no le pudo la responsabilidad. El jugador del Dortmund tiene mucha chispa en los cambios de ritmo. Es eléctrico y con sus movimientos volvió loca a la defensa griega. Coronó su noche con un golazo poco antes de ser sustituido por Götze, otro debutante en la Eurocopa que tiene 20 primaveras.

Löw tiene infinitas alternativas y es la diferencia de esta Alemania con la de hace dos años que también maravilló en el Mundial de Sudáfrica en 2010. Entonces, hasta que fueron eliminados en semifinales por España, prácticamente ocho jugadores coparon todas las alineaciones.

Ahora, esa joven generación ha madurado con Özil al frente. Y ayer salieron a la palestra unos dignos sucesores que hacen de Alemania un equipo temible. Hasta en defensa, con Mats Hummels y Holger Basdtuber, dos centrales de 23 años, ha recuperado la tranquilidad.

España, si coincide con los germanos en la final, puede temblar. Alemania ofrece efectividad, chispa, alternativas, control de balón, fuerza física y, sobre todo, un plantel de jugadores interminable que salieron a relucir ante Grecia.

"Era el momento de un cambio, el equipo estaba maduro para eso", dijo Löw. El técnico germano tardó, pero al cuarto partido, por fin sacó su fondo de armario.

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Juan José Lahuerta