El islamista Mohamed Morsi fue declarado el domingo ganador de las primeras elecciones presidenciales libres en la historia de Egipto, hecho con el que culmina la primera fase tumultuosa de la transición democrática, pero con el que se inicia una nueva etapa de roces con los gobernantes militares, porque éstos eliminaron la mayoría de las facultades de la presidencia.

En la Plaza Tahrir, donde comenzó la sublevación popular que derivó en la renuncia del presidente autocrático Hosni Mubarak, los simpatizantes de Morsi, que pertenece a la Hermandad Musulmana, lloraron y se hincaron en oración cuando escucharon el anuncio del triunfo de su candidato en transmisión en vivo por la televisión.

Los partidarios de Morsi bailaron, encendieron fuegos artificiales y soltaron palomas que llevaban adosadas el retrato de Morsi en una celebración que no se veía en la plaza desde que Mubarak fue obligado a dejar el poder el 11 de febrero de 2011.

Diversos sectores están a la expectativa de si Morsi intentará enfrentar a los militares — un estamento dominante — para que le restituyan las facultades que le suprimieron al cargo hace apenas una semana. Miles de manifestantes dijeron que permanecerán en la Plaza Tahrir en demanda de que la junta militar gobernante revierta su decisión.

En su primer discurso televisado, Morsi, un ingeniero de 60 años que se preparó en Estados Unidos, hizo un llamado a los egipcios a que mantengan la unidad al tiempo que intentó tranquilizar a las minorías cristianas, las cuales temen a un régimen islámico y cuya mayoría apoyó en las urnas al rival de Morsi: Ahmed Shafiq.

Morsi dijo que enviaba "un mensaje de paz" al mundo y que preservará los acuerdos internacionales que haya suscrito su país, en referencia al tratado de paz con Israel. También rindió homenaje a los casi 900 manifestantes que perdieron la vida durante la sublevación popular de 2011.

"Yo no estaría aquí en sus manos como el primer presidente elegido sin... la sangre, las lágrimas y el sacrificio de los mártires", apuntó.

Morsi pareció tener dificultades para conformar sus oraciones durante su discurso, que fue largo y repetitivo. El presidente electo llevaba camisa azul y corbata, y no sonrió durante el tiempo que leyó su discurso escrito. Morsi evitó el tono de confrontación y no mencionó la usurpación del poder de último minuto que escenificaron los militares, por el contrario, elogió a las fuerzas armadas.

En Washington, la Casa Blanca felicitó a Morsi y lo exhortó a que consolide la unidad nacional cuando conforme el nuevo gobierno. El secretario de prensa de la Casa Blanca, Jay Carney, dijo que la victoria de Morsi es un hito en la transición de Egipto a la democracia tras décadas del régimen autoritario de Mubarak. El gobierno del presidente Barack Obama se abstuvo de expresar públicamente su preferencia por alguno de los candidatos durante la contienda presidencial.

La comisión electoral de Egipto dijo que Morsi ganó con el 51,7% de los votos frente al 48,3% de Shafiq, el último primer ministro de Mubarak.

La segunda vuelta del 16 y 17 de junio entre Orsi y Shafiq había dejado a los egipcios con una tensa incertidumbre durante una semana.