La presidenta brasileña, Dilma Rousseff, quien durante la última dictadura estuvo casi tres años presa y sufrió serias torturas, afirmó hoy que no odia ni pretende venganza por eso, pero aseguró que no lo olvida ni lo perdona.

"Con el pasar de los años, una de las mejores cosas que me pasó fue no concentrarme en esas personas (los torturadores) y no tener por ellas ningún tipo de sentimiento de odio o de venganza, pero tampoco de perdón", dijo la mandataria en una rueda de prensa celebrada en el marco de la conferencia Río+20.

Según Rousseff, "no hay sentimiento que se justifique frente a ese tipo de actos" y a quien fue torturado solamente le queda "la frialdad de la razón".

El pasado fin de semana, los diarios Correio Braziliense y O Estado de Minas publicaron informes hasta ahora reservados según los cuales, durante los casi tres años que estuvo presa, Rousseff sufrió largas y diversas sesiones de torturas, algo que ella misma había denunciado en diversas oportunidades.

Rousseff, quien fue detenida por la dictadura por sus vínculos con algunos grupos guerrilleros, dijo que no tiene ningún interés en identificar a sus torturadores, de los que dijo que "algunos ni siquiera tenían nombres verdaderos".

Según la jefa de Estado, "la cuestión no son los torturadores, sino la propia tortura", porque "el torturador es sólo un agente".

Para Rousseff, "el verdadero problema es en qué condiciones se establece la tortura", aunque insistió en que lo importante para quien la ha sufrido es "pasar la página".