Embarcaciones con forma de dragón que compiten en ríos, delicias de arroz glutinoso y amuletos contra los malos augurios son los ingredientes fundamentales del Festival del Barco de Dragón, que se celebra hoy en China para conmemorar la muerte de un querido poeta hace dos milenios.

Cada año, y coincidiendo con el quinto día del quinto mes del calendario lunar, los chinos recuerdan al poeta y también político Qu Yuan, cuya razón para quitarse la vida adquiere hoy un especial significado: decidió lanzarse a un río atado a una piedra ante sus diferencias con la clase política y por la posterior invasión de su estado por tropas extranjeras.

Por aquel entonces, los ciudadanos no dudaron en salir con sus barcas a rescatar al estimado poeta, por lo que hoy vuelven a hacerlo aunque con un propósito más festivo.

Mientras en el norte del país, como en Pekín, es difícil toparse con las peculiares regatas de esta fiesta nacional ante la falta de espacios adecuados para las mismas, en el sur las competiciones de los "barcos dragón" se multiplican e, incluso, invitan a los foráneos a sumarse a ellas.

Es el caso de la isla de Hong Kong o la de Taiwán, donde diversos puntos de su costa son invadidos por navíos con cola y cabeza de la citada criatura mitológica, dirigidos por equipos de remeros chinos, pero también de los extranjeros que cada año se animan a participar.

Además de intentar salvar al erudito, los chinos hace dos milenios también se las ingeniaron para que los peces no se comieran el cuerpo sin vida del poeta, cocinando unos tamales de arroz glutinoso -los llamados "zongzi"- que lanzaban desde sus barcas al río.

El "zongzi", relleno de carne o todo tipo de frutos secos y envuelto en hojas de bambú, es un alimento que se consume en China en semanas previas a la festividad, y cuyo sabor varía también según la zona en la que se adquiera, por la distintas combinaciones de ingredientes y las diferentes formas de cocción.

En las ciudades como Pekín, los urbanitas suelen comprar este tradicional alimento al que, en otras zonas del país, la población mayor dedica varios días para cocinarlo.

"Yo no sé hacerlos. Los jóvenes los compramos. Mi abuela solía empezar un mes antes a cocinarlos", explica a Efe la joven Zhong Yi, quien, procedente de una localidad cercana a Pekín y residiendo en la capital como profesora de mandarín e inglés, pasará el día festivo "descansando" del trabajo, si bien apunta que alguno de sus compañeros aprovecha este festival para viajar a ver a su familia.

Ese es precisamente el sentido del Festival del Barco del Dragón que se reivindica entre parte de la población, quien insta a recuperar "la reunión familiar" en torno a la celebración.

"No se trata de comer 'zongzi', sino de reunirse en familia y venerar a nuestros antepasados. Traspasar su herencia", explica un hombre de 35 años, padre de una niña de 12, quien identifica la fiesta nacional con los "zongzi".

"No vuelvo a casa. Todos conocemos la historia del poeta, pero sí es un día que relacionamos con comer 'zongzi', pero también con las competiciones entre barcos dragón. En mi ciudad, hay muchas; aquí, no", señala Lei Li, de 29 años y procedente de Chengdu, en la provincia suroccidental de Sichuan.

Con reunión familiar o no, lo cierto es que el Festival del Barco del Dragón es una de las festividades más importantes de China, junto con el Año Nuevo Lunar y el Festival de Medio Otoño, a la que, como en otras celebraciones chinas, no le faltan los amuletos como las bolsas perfumadas que se regalan o las hierbas que se cuelgan en las puertas de las casas contra los malos augurios.

Y es que, como señalan algunos ciudadanos, estos talismanes son los que ayudarán este año a los "dragones barco" a enfrentarse al mal tiempo en algunos puntos como Taiwán, que acaba de pasar por un tifón.

Los mismos que el año pasado consiguieron que la sequía de algunas zonas de China no obligara a suspender la celebración del festival, que engrosa desde 2009 la lista del patrimonio cultural inmaterial de la humanidad de la Unesco.

Tamara Gil.