El líder de la mayor central obrera de Argentina, Hugo Moyano, ha decido jugarse por medir fuerzas con el Gobierno de Cristina Fernández en un enfrentamiento político y sindical "sin vuelta atrás" y de final abierto, según analistas consultados hoy por Efe.

El titular de la Confederación General del Trabajo (CGT) y máximo dirigente del gremio de los camioneros convocó para el próximo miércoles a una huelga nacional de su poderoso sindicato de chóferes a la que adherirán otras organizaciones sindicales aliadas.

La convocatoria incluye una movilización el mismo miércoles a la Plaza de Mayo, frente a la sede del Ejecutivo argentino, para reclamar a la presidenta argentina, de la que Moyano era hasta hace unos meses un aliado clave, cambios en los tributos que pesan sobre los trabajadores.

El Gobierno, por su parte, ha tachado a la protesta como una "extorsión" y denunció penalmente en la Justicia a Moyano y a su hijo Pablo, secretario adjunto del sindicato de los camioneros.

"Es un conflicto que promete seguir escalando porque ninguno de los dos actores está dispuesto a dar el brazo a torcer", dijo a Efe el analista Patricio Giusto, de la consultora Diagnóstico Político.

Moyano tiene sus orígenes en el peronismo de derecha y, a la par de su ascenso en el poder sindical, hizo carrera en el gobernante Partido Justicialista, del que llegó a ser presidente en el distrito de la provincia de Buenos Aires, el mayor bastión de esa fuerza en el país.

Néstor Kirchner (2003-2007) tuvo a Moyano como uno de sus principales aliados, pero tras la muerte del expresidente, en octubre de 2010, la relación del líder sindical con el Gobierno de Fernández comenzó a resquebrajarse.

Moyano presionó por la incorporación de sindicalistas en las listas del peronismo en los comicios generales de octubre pasado, pero Fernández optó por recostarse en la agrupación juvenil kirchnerista La Cámpora.

El enfrentamiento hizo eclosión en las últimas semanas ante la decisión de Moyano de buscar su reelección al frente de la CGT en julio próximo, ante una fuerte resistencia de gremios aliados al Gobierno.

"De las escaramuzas por el distanciamiento de Moyano del paraguas del oficialismo se ha pasado a un conflicto abierto sin vuelta atrás", dijo a Efe el analista político Jorge Arias.

Según el experto, este pulso se da en un contexto de "malhumor social creciente" por medidas como las trabas cambiarias y a las importaciones adoptadas por Fernández tras haber logrado su reelección con el 54 % de los votos y que "no aportan a un clima social de convivencia".

Para Arias, de la consultora Polilat, la gran "apuesta" de Moyano es la de capitalizar este clima de insatisfacción social a partir de un reclamo al Gobierno, el de cambios en los impuestos sobre los salarios de los trabajadores, que afecta a grandes capas de ingresos medios de la sociedad.

Según Arias, se trata de sectores incluso críticos hacia el líder sindical "por el estilo tan agresivo que tiene Moyano para conducir los conflictos".

"Si Moyano no logra sumar alianzas con estos sectores, va a salir perjudicado y terminará siendo derrotado en la interna de la CGT. Pero si Moyano logra catalizar este malhumor social y erigirse como un contendiente de peso para el Gobierno, esto va a ser de un tremendo daño para el Gobierno", afirmó el analista.

Patricio Giusto sostuvo que en un momento en que el cacique sindical "estaba en declive", Moyano ha logrado con este conflicto "reposicionarse en el espacio público y hasta algunos los ven como un posible candidato opositor, algo que era impensado de él hace unos meses".

"Si logra, como promete, llenar la Plaza de Mayo, será el fenómeno político más fuerte en las calles desde el conflicto del Gobierno con el campo, en 2008", dijo el analista.

Ello dependerá de las adhesiones que logre para la movilización por parte de otros sindicatos.

Casi medio centenar de gremios ha prometido sumarse a la movilización, aunque no todos harán un cese de actividades, mientras que hay cerca de 70 sindicatos que son opositores a Moyano y, de hecho, en el consejo directivo de la CGT, 19 de sus 35 miembros pugnan por una renovación de las autoridades en la central obrera.