La "genial escritura de la paleta" de Murillo puede contemplarse en la exposición que el Museo del Prado dedica a las obras que el maestro sevillano realizó en su madurez y que fueron fruto de su relación con Justino de Neve, canónigo de la catedral de Sevilla e importante mecenas y amigo del artista.

Si la exposición que el Prado dedica en estos momentos a Rafael puede considerarse "una producción operística", según Miguel Zugaza, director del museo, la de Murillo "es una suite", afirma, compuesta por 17 obras "de uno de los pintores barrocos más importantes", que conviven con "las del genio universal del Renacimiento".

La muestra, organizada junto con la Fundación Focus-Abengoa y la Dulwich Picture Gallery, a cuyas sedes en Sevilla y en Londres viajará posteriormente, muestra la fructífera relación que mantuvieron Murillo (1617-1682) y Justino de Neve (1625-1685), que inicialmente fue profesional y luego de amistad.

"Para Murillo, de Neve hizo las veces de Felipe IV para Velázquez, ya que le permitió alcanzar algunos de los mejores cuadros de su carrera", consideró Zugaza, para quien esta exposición permite al visitante sumergirse en la cultura artística de Sevilla además de unir algunas de las más bellas y ambiciosas obras que a lo largo de su carrera realizó Murillo, "que manejó de forma extraordinaria todos los registros barrocos".

Cuando Gabriele Finaldi, director adjunto del museo, llegó hace diez años al Prado, ya traía en su cartera la organización de esta exposición, compuesta por pinturas religiosas y cuadros devocionales, retratos y alegorías y la única miniatura que se conoce de Murillo.

Por ello se trata de una muestra que ha llevado una larga maduración y en la que Finaldi, comisario de la misma, ha querido mostrar cómo el fruto de la amistad entre Murillo y Justino de Neve dio lugar "a algunos de los cuadros más bellos que Murillo pintara nunca".

La amistad de Justino de Neve, nacido en Sevilla de familia flamenca, desde por lo menos la década de los sesenta hasta la muerte de Murillo, fue clave para que el artista obtuviese una de sus comisiones más importantes: la decoración de la iglesia de Santa María la Blanca (1662-1665).

Además, de Neve encargó al pintor sevillano varias obras para el Hospital de los Venerables, actual sede de la Fundación Focus-Abengoa, y tuvo en su propia colección algunas de sus pinturas más excepcionales.

Como canónigo, Justino de Neve obtuvo para Murillo el encargo de una serie de ocho tondos de santos sevillanos y una "Inmaculada Concepción" que todavía hoy en día decoran el techo de la sala capitular de la catedral, y el "Bautismo de Cristo" que corona el retablo de San Antonio en la capilla del santo.

El recorrido de la exposición comienza con la exhibición de un autorretrato de Murillo, de la National Gallery de Londres que nunca antes había sido prestado al Museo del Prado.

Se trata de un retrato de 1660 "sofisticado, complejo y conceptual", según Finaldi, y uno de los más sofisticados e influyentes retratos de artistas de la España del siglo XVII.

Frente a este, cuelga el retrato que Murillo hizo a su mecenas en 1668, también procedente de la National Gallery. La sensibilidad de Murillo como pintor de niños se muestra en "San Juanito con un cordero", propiedad de Justino de Neve.

A continuación se pueden contemplar dos de las grandes obras que Murillo pintó para la iglesia de Santa María la Blanca, en las que el maestro "demuestra su habilidad como pintor de grandes narraciones", según Finaldi. El relato de Murillo para Santa María la Blanca se completa con tres obras prestadas por el Louvre, entre las que se encuentra "La Inmaculada Concepción".

Otras de las reuniones que ha permitido esta exposición es la de la "Inmaculada Concepción de los Venerables", perteneciente al Museo del Prado, que se exhibe con su marco original y permanece en la capilla del Hospital de los Venerables.

Cinco de las diecisiete obras exhibidas han sido restauradas y solo una de ellas -"Bautismo de Cristo"- permanece en Sevilla, ciudad para las que fueron ejecutadas. Por ello, para Gabrielle Finaldi es "una alegría pensar que van a volver cuando esta exposición se muestre en los Venerables en octubre.

Mila Trenas