El papa Benedicto XVI formuló el viernes una exhortación a los obispos colombianos a redoblar sus esfuerzos en favor de los emigrantes, al recibirlos en visita "ad limina", la que cada cinco años deben realizar los obispos de todo el mundo al Pontífice.

"No olviden a quienes tienen que emigrar de su patria porque han perdido su trabajo o se afanan por encontrarlo; a los que ven avasallados sus derechos fundamentales y son forzados a desplazarse de sus propias casas y a abandonar sus familias bajo la amenaza de la mano oscura del terror y la criminalidad", expresó.

Asimismo, pidió su ayuda en favor de aquellos que "han caído en la red infausta del comercio de las drogas y las armas".

"No dejen ustedes de individuar cuanto entorpece el recto progreso de Colombia, buscando salir al encuentro de los que se hallan privados de libertad por causa de la inicua violencia", agregó.

Los impulsó también a "redoblar las medidas y los programas tendentes a acompañar amorosamente y a asistir a cuantos se hallan probados, de modo peculiar a los que son víctimas de desastres naturales, a los más pobres, a los campesinos, a los enfermos y afligidos, multiplicando las iniciativas solidarias".

"Deseo alentarles a proseguir este camino de servicio generoso y fraterno, que no es resultado de un cálculo humano, sino que nace del amor a Dios y al prójimo, fuente en donde la Iglesia encuentra su fuerza para llevar a cabo su tarea, brindando a los demás lo que ella misma ha aprendido del ejemplo sublime de su divino Fundador", manifestó.

En la Sala del Consistorio del Palacio Apostólico, Benedicto XVI recibió al primer grupo de obispos de la Conferencia Episcopal de Colombia, a quienes había recibido estos días en formada separada.

Señaló, por otra parte, que "Colombia no es ajena a las consecuencias del olvido de Dios, mientras que años atrás era posible reconocer un tejido cultural unitario (...), hoy no parece que sea así en vastos sectores de la sociedad, a causa de la crisis de valores espirituales y morales que incide negativamente en muchos de sus compatriotas".

Dijo también que "el creciente pluralismo religioso es un factor que exige una seria consideración. La presencia cada vez más activa de comunidades pentecostales y evangélicas, no sólo en Colombia, sino también en muchas regiones de América Latina, no puede ser ignorada ni minusvalorada".

"En este sentido, es evidente que el pueblo de Dios está llamado a purificarse y a revitalizar su fe dejándose guiar por el Espíritu Santo, para dar así nueva pujanza a su acción pastoral", afirmó.

Se trata, dijo, de "ser mejores creyentes, más piadosos, afables y acogedores en nuestras parroquias y comunidades, para que nadie se sienta lejano o excluido".