El sargento Rick Clement ascendió por Dickson Road el viernes, con la antorcha olímpica pegada al costado de su silla de ruedas y el fuego intacto a pesar de la lluvia.

El público aplaudió solemnemente, alentando a un soldado que pisó una mina en Afganistán y perdió ambas piernas.

A Clement no parecía importarle estar empapado, o que su tramo del relevo era cuesta arriba, pero sí quería que todos pensaran en otros militares, muchos de los cuales están lejos del Reino Unido.

"Sólo quiero que todos estén orgullosos de las fuerzas armadas y del trabajo que hacen", comentó. "Estoy portándola (la antorcha) a nombre de todas las tropas que están allá".

Escenas como esta han convertido el relevo de la antorcha en todo un suceso en Gran Bretaña, con grandes multitudes congregadas dondequiera que pasa. Los espectadores se han reunido bajo la lluvia y el viento, en aceras, carreteras y autopistas, tan solo para ver a una persona cargando la antorcha.

La antorcha está recorriendo cada rincón del país antes del encendido del pebetero el 27 de julio en la ceremonia inaugural de los Juegos de Londres. El viernes, llevaba la mitad de su recorrido de 70 días, en una ruta en la que pasará a menos de 18 kilómetros del 95% de la población británica.

Ha viajado a caballo y en globo. También en botes, aviones y trenes. Ha sido portada por atletas olímpicos y paraolímpicos, cantantes y bailarines, policías y bomberos. La nieta de la reina, Zara Phillips, ha compartido el honor con James Winter, un lechero de 40 años de Chard.

Los ingleses usualmente son muy inhibidos y aprensivos como para hacer revuelo por algo, excepto en los deportes, según Kate Fox, autora del libro "Watching the English".

"Los grandes eventos deportivos como Londres 2012 son un antídoto... una excusa para deshacernos de algunas de nuestras inhibiciones y ser un poco más emotivos", señaló.

Los organizadores de los Juegos Olímpicos daban por sentado que el mundo estaría emocionado por la justa, pero estaban preocupados por lo que pensarían los británicos, especialmente por su característico cinismo. Esto era especialmente importante tomando en cuenta que los ciudadanos están pagando la cuenta de 9.300 millones de libras (14.700 millones de dólares) para organizar los Juegos en una época de austeridad fiscal.

Mucha gente se ha preguntado si vale la pena gastar tanto dinero.

También hay que recordar que la mayoría de la actividad estará concentrada en el Parque Olímpico en Londres. Por lo tanto, tenía que haber una sensación de que otras partes del país también estaban involucradas, de que los Juegos Olímpicos también le pertenecían a Escocia, Gales e Irlanda del Norte.

"No creo que la vuelva a ver", comentó Amanda Poole, quien fue a ver la antorcha en el balneario de Blackpool en el noroeste de Inglaterra con su hija, Nastassja, y su esposo Steve. "Aunque está lloviendo y hay viento, eso es parte del ambiente".

En Worcester, una ciudad en el centro de Inglaterra, 70.000 de los 93.300 habitantes acudieron a una ceremonia de encendido.

Garrett Emmerson, un director del departamento de transportación de Londres, le dijo a la AP que están reconsiderando los planes para la llegada de la antorcha a la capital luego de ver la recepción que ha tenido en otros lugares.

Incluso los patrocinadores están sorprendidos.

Tanya Veingrad, una vocera de la tienda Lloyds, dijo que ha visto muchedumbres salir de la nada. En la pequeña villa escocesa de Drumnadrochit, había largas filas para ver la antorcha.

"Pensé, '¿de dónde salió toda esta gente?''', relató.