Haciendo a un lado la retórica áspera de las elecciones primarias republicanas, Mitt Romney prometió el jueves encarar la inmigración ilegal "de manera civilizada pero resuelta", reformar el sistema de tarjetas verdes de residencia para los inmigrantes con familias y poner fin a los límites inmigratorios para sus cónyuges e hijos menores de edad.

En un discurso pronunciado ante un público hispano, Romney sólo mencionó brevemente su promesa de completar una cerca fronteriza de 3.200 kilómetros (2.000 millas) de longitud para contribuir a detener la inmigración no autorizada. Calificó el plan reciente del presidente Barack Obama de flexibilizar las reglas de deportación para algunos hijos de inmigrantes que carecen de permiso de residencia como poco más que una medida provisional.

"Como presidente no me conformaré con una medida provisional. Trabajaré con republicanos y demócratas para hallar una solución a largo plazo", afirmó Romney ante la Asociación Nacional de Funcionarios Hispanos Electos y Designados. "Daré prioridad a las medidas que fortalezcan y faciliten la inmigración legal. Y encararé el problema de la inmigración ilegal de manera civilizada pero resuelta. Puede que no siempre estemos de acuerdo, pero cuando les hago una promesa, la cumpliré".

Obama hablará el viernes ante el mismo grupo. Los discursos se dan en momentos en que la Corte Suprema se apresta a dar su fallo sobre la enérgica ley migratoria de Arizona y después de que el mandatario anunció su nuevo plan para evitar deportaciones.

Romney volvió a rechazar decir si dará marcha atrás a la medida de Obama sobre la inmigración, y en lugar de ello prometió "su propia solución a largo plazo que reemplazará y sustituirá la medida temporal del presidente".

En los últimos días el ex gobernador de Massachusetts ha pasado apuros para explicar claramente cuál será su política migratoria en momentos en que cambia de la retórica enérgica que durante meses definió las primarias del Partido Republicano a una audiencia electoral general en la que los hispanos desempeñan un papel crucial.

Durante las primarias, Romney y sus opositores republicanos se enfocaron en la seguridad fronteriza y en el inglés como idioma oficial de Estados Unidos, pero el entonces aspirante republicano no especificó con precisión qué haría para enfrentar el problema migratorio.

Romney sólo dedicó el jueves una frase en su discurso de 17 minutos a la valla fronteriza e no abordó en absoluto las cuestiones del idioma. Sin embargo, sí mencionó que su padre nació en México de padres estadounidenses que vivían en una colonia mormona.

"Cuando él tenía cinco años, dejaron todo atrás y comenzaron de nuevo en Estados Unidos", afirmó Romney. "Ya he hablado con frecuencia de lo orgulloso que estoy de mi padre".

Por lo menos uno de cada seis estadounidenses es de ascendencia hispana, según la Oficina del Censo, y muchos se inclinan a votar por los demócratas. Al suavizar su tono en torno a la inmigración, Romney busca disminuir la ventaja que tiene Obama entre este electorado.

No solamente están en juego los estados con mayores poblaciones hispanas como Florida, Nevada y Colorado, sino también un número creciente de otros estados reñidos, como Ohio, Carolina del Norte y Virginia, donde incluso una ligera diferencia entre los votantes hispanos podría ser significativa.

Romney fue poco claro en algunos terrenos, particularmente en el tratamiento de los hijos de inmigrantes traídos sin autorización a Estados Unidos por sus padres, pero ofreció nuevos detalles en otros.

Su plan de reasignar las tarjetas verdes para inmigrantes y poner fin a los topes para cónyuges y niños menores sería un cambio del sistema actual, que es más bien por orden de llegada. Y su promesa de "engrapar una tarjeta verde a tu diploma" a los inmigrantes que obtienen posgrados avanzados en Estados Unidos representa un cambio significativo.

No está claro cuántas de las promesas de Romney sobre reforma inmigratoria podrían cumplirse sin una acción legislativa.

Obama ha ejercido dos veces sus prerrogativas presidenciales desde el 2011 para hacer cambios al sistema de inmigración, incluso el anuncio de la semana pasada de que muchos jóvenes inmigrantes que carecen de permiso de residencia y que fueron traídos a Estados Unidos siendo niños no serán deportados y recibirán permisos de trabajo válidos por dos años.

La campaña del presidente fustigó a Romney por ignorar la oposición que había manifestado anteriormente al proyecto conocido como DREAM Act, una medida que habría permitido a algunos niños de inmigrantes no autorizados a vivir en Estados Unidos a permanecer legalmente en el país.

"Frente a un público de votantes republicanos en las primarias, calificó el DREAM Act como una 'dádiva' y prometió vetarla", recordó la vocera de Obama Lis Smith.

Quedó claro que Romney no estaba ante un público favorable a él en su discurso ante varios centenares de dirigentes hispanos, particularmente cuando el candidato republicano atacó la reforma del presidente al sistema de salud.

"Si los empleos son la prioridad de ustedes, deben deshacerse del ObamaCare (el sistema de salud de Obama)", dijo Romney, una de esas frases que suelen entusiasmar a sus públicos republicanos. Pero entre los electores hispanos del jueves apenas generó aplausos con ella y por lo menos uno lo abucheó.

Obama ha despertado una ola de entusiasmo entre los hispanos por su decisión de permitir que cientos de miles de inmigrantes que carecen de permiso de residencia permanezcan y trabajen en Estados Unidos. Según el plan de su gobierno, esos inmigrantes pueden evitar la deportación si demuestran que fueron traídos al país antes de cumplir los 16 años y tienen menos de 30, han estado en la nación al menos durante cinco años consecutivos, no tienen antecedentes delictivos y se graduaron en una secundaria estadounidense, obtuvieron un diploma de estudios generales o sirvieron en las fuerzas armadas.

La nueva política podría favorecer a entre 800.000 y 1.400.000 inmigrantes jóvenes, que son respectivamente los cálculos del gobierno y del Centro Hispano Pew.

Romney se refirió a la nueva política de deportación de Obama como su principal crítica. El republicano también se comprometió a ofrecer a los inmigrantes no autorizados que laboran en las fuerzas armadas "un camino para obtener el estatus legal", que su campaña dice que a la larga podría permitir convertirse en ciudadano con todos los derechos.

Pero la campaña de Romney no pudo detallar de inmediato cuántos inmigrantes podrían resultar afectados por sus políticas, ni tampoco pudo explicar cuáles requerirían acción legislativa.

El republicano también ha hablado de las "promesas incumplidas" del presidente de alcanzar una reforma inmigratoria amplia durante su primer mandato.

"Pese a sus promesas, el presidente Obama no ha solucionado la reforma inmigratoria", afirmó. "Durante dos años, este presidente tuvo amplias mayorías en la Cámara de Representantes y el Senado, y tenía libertad para buscar toda política que quisiera. Pero no hizo nada para promover una solución permanente a nuestro deteriorado sistema inmigratorio. Nada. En cambio, no actuó hasta enfrentarse con una difícil reelección y para tratar de asegurarse los votos de ustedes".

Ambos bandos desarrollan estrategias agresivas para apelar a un sector demográfico que sin ser monolítico ha apoyado a los demócratas en las elecciones recientes.

Algunos republicanos temen — y los demócratas confían en — que Obama podría capitalizar este momento para reforzar el dominio demócrata entre los hispanos en estas elecciones y en los próximos años, al igual que el presidente Lyndon Johnson conquistó el voto de los negros para los demócratas cuando promovió la Ley sobre Derechos Civiles en 1964.

Como de costumbre, Romney también se concentró en la economía. El ex gobernador de Massachusetts sostuvo que sus antecedentes en el mundo empresarial beneficiarían a todos los que han enfrentado dificultades durante el gobierno de Obama en los últimos años, entre ellos los hispanos.

En su discurso, Romney afirmó que Obama da por sentado el voto hispano.

"He venido hoy con un mensaje muy sencillo: ustedes tienen una alternativa. Su voto debe ser respetado y su voz es ahora más importante que nunca", les dijo.

Oscar Garza, un demócrata del poblado fronterizo de Mission, Texas, dijo que aún le falta conocer más sobre las políticas de Romney, pero que se siente frustrado con Obama.

Consideró que la persona que Romney elija como su compañero de fórmula podría ser decisiva para influir en el candidato por el que votarán los hispanos.

"Un Marco Rubio podría hacerme cambiar mi voto", afirmó, refiriéndose al senador republicano por el estado de la Florida, quien es de ascendencia cubana y cuyo nombre suena como posible candidato a la vicepresidencia por su partido.

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La periodista Alicia Caldwell de The Associated Press en Washington contribuyó a este despacho.

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Gráfico interactivo: http://hosted.ap.org/interactives/2012/migracion/