Los gobiernos de todo el mundo necesitan promover dietas sostenibles para evitar el agotamiento de los recursos naturales que garantizan la seguridad alimenticia, según un estudio divulgado hoy por el Pnuma.

Los fundamentos ecológicos de los que dependen la agricultura y la pesca afrontan varios riesgos, asegura el informe lanzado en el marco de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible Río+20, que concluye mañana en Río de Janeiro.

Ante la urgencia de garantizar la alimentación para una población mundial de 7.000 millones de habitantes, que pueden llegar a 9.000 millones en 2050, el Pnuma hace una serie de recomendaciones entre las que figura la promoción de dietas sostenibles.

Según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma), el objetivo es evitar "la tendencia de que la dieta se haga cada vez menos saludable en la medida en que los consumidores enriquecen", ya que el aumento de la renta puede incentivar el consumo de productos poco saludables.

Según el informe "Evitando el hambre en el futuro: fortaleciendo la base ecológica de la seguridad alimenticia mediante sistemas sostenibles", también es necesario "promover un menor consumo de carne y lácteos en los países desarrollados".

El Pnuma calcula que cerca de 1.300 millones de toneladas anuales de alimentos, casi la tercera parte de la producción anual para el consumo humano, se pierde o se desperdicia.

El informe se propone "aumentar la conciencia" sobre los riesgos que corren los recursos ambientales por prácticas como la pesca predadora, el uso insostenible de agua y otras actividades humanas.

"La era de la producción aparentemente inagotable, basada en la maximización de productos como fertilizantes y pesticidas, minando reservas de agua dulce y la tierra arable fértil, está llegando al límite, si es que ya no lo alcanzamos", dijo el director ejecutivo del Pnuma, Achim Steiner.

El estudio constató que la agricultura, que abastece el 90 por ciento del consumo total de calorías del mundo, y la pesca, responsable por el restante 10 por ciento, enfrentan numerosas amenazas por el crecimiento de la población mundial, el aumento de la renta de los consumidores y los cambios de estilo de vida y de alimentación provocados por la urbanización.

Entre tales riesgos figura el aumento del uso de agua para atender más cultivos de riego y los diferentes impactos de la agricultura sobre los ecosistemas, como la deforestación, la reducción de la biodiversidad, el aumento de plagas, la pérdida de la calidad de los suelos y la contaminación de los ríos.

Para los autores de la investigación, los cambios climáticos y sus impactos agravan esas amenazas debido a que obligan a los agricultores a buscar nuevas zonas de cultivo.

La pesca está amenazada por la explotación del 53 por ciento de los recursos marinos y por la degradación de hábitats importantes para los peces. El 40 por ciento de los arrecifes de corales ya fue destruido o degradado, así como el 35 por ciento de los manglares.

La pesca en agua dulce, por su parte, está amenazada por la construcción de hidroeléctricas, que ya son comunes en el 50 por ciento de los mayores ríos del mundo.

Esas amenazas igualmente son agravadas por el calentamiento global, que ha elevado la temperatura de los océanos y provocado la muerte del 18 por ciento de los corales.

Otras amenazas son las aguas negras domésticas e industriales no tratadas y el aumento de las basuras.

Además de dietas sostenibles, el informe también recomienda la adopción de prácticas agrícolas y de pesca menos degradadoras, la construcción de centrales de almacenamiento refrigeradas para pequeños agricultores, el incentivo de prácticas de consumo que reduzcan el desperdicio y la eliminación de subsidios que fomentan la pesca predadora.