Un nuevo enfrentamiento entre musulmanes y budistas en el oeste de Birmania (Myanmar) ha causado varios muertos en la provincia de Rakhine a pesar del estado de excepción, informó hoy la prensa birmana.

El choque se produjo ayer cuando un grupo de musulmanes de la minoría étnica rohingya armado con machetes y palos se enfrentó a budistas en una aldea, donde también quemaron varias viviendas, antes de que llegaran los soldados.

"Al menos 11 residentes de Rakhine murieron cuando trataban de apagar el fuego y rechazar el ataque", afirmó un testigo.

Según el recuento oficial, 60 personas han muerto y se han quemado 2.230 viviendas y edificios en los disturbios ocurridos entre el 28 de mayo y el 14 de junio.

El Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR) indicó que el número de desplazados asciende a al menos 48.000 personas, una cifra que previsiblemente aumentará en los próximos días.

La ola de violencia arrancó el 28 de mayo pasado con el hallazgo del cadáver de una mujer budista que fue violada y asesinada por tres musulmanes.

El domingo 3 de junio, una multitud de budistas detuvo un autocar en el que decían viajaban los culpables y mataron a diez musulmanes.

Dos de los asesinos fueron condenados a muerte el pasado lunes, mientras que el tercero se suicidó en la cárcel.

A partir de entonces, grupos de musulmanes y budistas se enfrentaron en diversas localidades de Rakhine, violencia que ha disminuido desde la declaración del estado de excepción el pasado 10 de junio.

La medida de emergencia incluye el toque de queda entre las 06.00 y las 18.00 horas y la cesión de la seguridad a los militares, entre otras medidas.

Unos 800.000 musulmanes de la etnia rohingya viven en Birmania, la mayoría en Rakhine, aunque las autoridades de este país de mayoría budista no los reconocen como ciudadanos y mantienen que proceden de la vecina Bangladesh.

Esta comunidad apátrida tampoco es reconocida en Bangladesh, donde unos 300.000 rohingyas se encuentran hacinados en campos de refugiados.

Birmania, después de casi medio siglo de dictadura militar, vive una etapa de reformas de tinte democrático desde que la última junta se disolvió y traspasó el poder a un gobierno civil afín, en 2011.