La presidenta brasileña, Dilma Rousseff, afirmó hoy que la crisis económica mundial no puede impedir que los gobiernos asuman acuerdos vinculantes en la Río+20 ni que desconozcan los compromisos asumidos en el pasado para garantizar el desarrollo sostenible.

"La actual crisis y la incertidumbre sobre el futuro económico le dan un significado especial a la Río+20", dijo la mandataria en el discurso que pronunció en la ceremonia oficial de apertura de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible Río+20.

La presidenta de Brasil y de la Conferencia, que reúne hasta el viernes en Río de Janeiro a cerca de cien mandatarios, dijo que entiende que la crisis aumente la preocupación de los países con sus problemas internos y reduzca la disposición a adoptar acuerdos vinculantes.

Pese a ello, "estoy convencida, y esta Conferencia lo demuestra, de que podemos acordar una nueva visión del futuro con objetivos de desarrollo sostenible en áreas de especial importancia", afirmó.

Según Rousseff, la propia crisis, con países en recesión o con crecimiento muy bajo, con problemas en sus cuentas públicas y en sus sistemas financieros y con políticas que afectan a las poblaciones más vulnerables como las mujeres, los desempleados y los inmigrantes, muestra que los actuales modelos de desarrollo "agotaron su posibilidad de responder a los desafíos actuales".

Agregó que la experiencia de América Latina en la década de los años 80, llamada la "década perdida" por la grave crisis que vivió la región, demuestra que las políticas más efectivas en esta coyuntura son las que promueven el crecimiento económico y no las que lo restringen.

En su opinión, pese a que las economías emergentes como Brasil pasaron a responder de buena parte del crecimiento mundial, "somos conscientes de que el crecimiento tiene que ser global".

La presidenta agregó que, además de reafirmar los compromisos de la Cumbre de la Tierra de 1992, los líderes mundiales tienen que rescatar varias conquistas de entonces que permanecen en el papel.

"Los principios de 1992 tienen que ser incorporados efectivamente en las decisiones políticas de los países", afirmó.

Rousseff se refirió específicamente al principio según el cual "las responsabilidades son comunes pero diferenciadas", que prevé mayores esfuerzos de los países desarrollados por su responsabilidad histórica en los problemas ambientales.

Dicho principio fue reafirmado en el documento acordado por los negociadores de la Río+20 pese a la negativa de algunos países, que alegan que la crisis les impide asumir nuevos compromisos.

Según la gobernante, la crisis no puede frenar la ayuda al desarrollo.

"La transferencia de las empresas más contaminantes de norte a sur dejó una pesada carga ambiental en países en desarrollo", afirmó.

Además, agregó, la promesa de ayuda a los países en desarrollo para mitigar esos problemas aún no se materializó.

"Los compromisos de reducción de emisiones no se han alcanzado; el principio fundamental de responsabilidad común pero diferenciada ha sido muchas veces rechazado en la práctica, pese a que es necesario para construir un mundo más justo", dijo.

Según Rousseff, el documento que será aprobado en Río de Janeiro, además de reforzar los principios del pasado, incluye avances importantes como la declaración por primera vez de que la erradicación de la pobreza es el principal desafío del mundo.