Bolivia pudo dar un duro golpe a los narcotraficantes con apoyo de aviones no tripulados operados por Brasil, informó el miércoles el jefe de la lucha contra el narcotráfico.

Más de 240 factorías de refinación de cocaína y una pista clandestina de aterrizaje fueron destruidas en dos días a principios de mes en la provincia oriental de Santa Cruz, en la frontera con Brasil, en un publicitado operativo policial. El gobierno nunca había informado sobre la participación de los aviones no tripulados VANT brasileños en esas operaciones.

El viceministro de Defensa Social y jefe civil de la lucha antidrogas, Felipe Cáceres, dijo a The Associated Press que ese golpe fue posible por la intervención de los VANT que sobrevolaron la frontera y suministraron valiosa información a las fuerzas terrestres bolivianas.

"Tenemos los primeros resultados gracias a la cooperación de la policía federal brasileña", dijo.

Explicó que los agentes brasileños se limitan a suministrar información y que los operativos están a cargo de policías de Bolivia.

Brasil se convirtió en el socio más importante de Bolivia en la lucha antidrogas desde que el presidente Evo Morales expulsó en 2008 al embajador de Estados Unidos por supuesta confabulación y a la agencia antidrogas DEA por sospechas de espionaje a su gobierno.

En octubre el gobierno brasileño firmó un plan de ayuda a Bolivia que incluye el sobrevuelo de dos VANT de fabricación israelí que dispone Brasil.

Estados Unidos redujo su cooperación a Bolivia pero mantiene su ayuda a la lucha contra el narcotráfico con helicópteros.

Ese país es destino de 2% de la cocaína boliviana mientras que un 92% va a Brasil. Buena parte de la droga que ingresa al país vecino por territorio boliviano es peruana, según informes oficiales.

Bolivia y Brasil comparten una frontera de casi 1.300 kilómetros a través de la selva.

En operativos a principios de junio la fuerza antidrogas de Bolivia detuvo a 13 sospechosos pero no logró capturar a un colombiano y un boliviano, presuntos líderes de la banda que purificaba cocaína en una zona selvática.

Según Cáceres la fabricación de pasta base de cocaína está en manos de "clanes familiares" mientras que la refinación de la droga y su exportación están controladas por "emisarios" extranjeros vinculados a carteles colombianos, brasileños y mexicanos.

"No hay carteles extranjeros asentados en el país", aseguró.