Gobernantes y delegados de 193 países congregados en la cumbre de Rio + 20 en Brasil manifestaron el miércoles su compromiso con el desarrollo sustentable del planeta, entre dudas sobre el documento final que debe ser adoptado al concluir el encuentro.

Incluso el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, admitió que el borrador de declaración final podía haber sido más ambicioso, aunque consideró histórica la decisión de los países de alcanzar un acuerdo que traza el rumbo para un planeta más verde los próximos 20 años.

Frustradas por considerar que el texto final no refleja sus aspiraciones, un colectivo de organizaciones no gubernamentales pidieron retirar de la declaración una frase que dice que fue elaborado "con plena participación de la sociedad civil".

La Conferencia de la ONU sobre Desarrollo Sustentable ha sido llamada Rio + 20 por celebrarse 20 años después de la cita Eco 92, también en Rio de Janeiro, que puso la preocupación por el medio ambiente en la agenda mundial.

Ban Ki-moon consideró que las expectativas de la cita de 1992 no han sido alcanzadas, y pidió a los países acelerar la marcha hacia un modelo de desarrollo que impulse el crecimiento económico, elimine la pobreza y resguarde el ambiente.

"Por mucho tiempo hemos actuado como si pudiéramos indefinidamente quemar y consumir para alcanzar la prosperidad. Hoy reconocemos que no podemos seguir así", dijo Ban en su discurso inaugural. "Rio + 20 nos da una oportunidad única de hacer lo correcto y emprender un nuevo camino que equilibre los imperativos del crecimiento económico robusto con las dimensiones sociales y ambientales".

Las discusiones que ocuparán a los presidentes hasta el viernes se centran en un documento de 49 páginas aprobado la madrugada del martes después de dos años de negociación entre los países miembros de la ONU.

El texto que debe ser aprobado por los gobernantes el viernes, al concluir la cita, establece definiciones sobre economía verde, plantea el fortalecimiento del Programa de la ONU sobre Medio Ambiente (PNUMA) y contiene acciones para la protección de los océanos, pero causó decepción entre organizaciones de la sociedad civil que consideraron que se quedó corto en las metas planteadas.

Así, mientras algunos países presionaron por una clara definición sobre el concepto de economía verde que debe guiar el desarrollo sustentable, que contemple sistemas de producción que preserven el medio ambiente, el documento final deja en manos de cada país hacer su propia definición sobre este tema.

Tampoco incluye compromisos de financiamiento como abogaron países en desarrollo, que propusieron la creación de un "fondo verde" con 30.000 millones de dólares anuales, lo cual fue objetado por países ricos.

Muchos países y activistas apuntaron el dedo acusador a Estados Unidos por la disminución de compromisos en la declaración, en especial los relativos al financiamiento, pero un representante norteamericano defendió el texto negociado.

El acuerdo "va a ayudar a avanzar metas en esta área (de desarrollo sustentable), es un documento negociado con muchas diferentes visiones de diferentes actores, asi que obviamente no es todo lo que todos querían", expresó a periodistas Todd Stern, enviado especial de Estados Unidos sobre cambio climático. "Algunas cosas podían haber sido mejoradas, pero creo que es un buen paso adelante".

El gobernante chileno, Sebastián Piñera, consideró que la cita de Brasil debe marcar un cambio de rumbo para la humanidad.

"No podemos seguir perdiendo biodiversidad, contaminando el agua , la tierra y el aire como lo hemos hecho hasta ahora, no podemos seguir destruyendo nuestros bosques. Por eso Rio + 20 es tan importante", destacó Piñera en la sesión plenaria.

Por su parte, el presidente ecuatoriano Rafael Correa presentó como un ejemplo de sustentabilidad a la iniciativa Yasuní, que busca preservar 982.000 hectáreas de bosque amazónico que alberga a dos comunidades indígenas y posee bajo su suelo 846 millones de barriles de petróleo que no serán extraídos para mantener la reserva.

A cambio, el país busca generar 3.600 millones de dólares en contribuciones de la comunidad internacional para preservar la zona e invertir en áreas protegidas, reforestación, diversificación y eficiencia energética, capacitación de comunidades amazónicas y proyectos de ciencia y tecnología.

"No pedimos limosna, pedimos corresponsabilidad", dijo Correa en una ceremonia en que el vicepresidente de la región belga de Valonia, Jean-Marc Nollet, firmó un acuerdo para contribuir con 1,2 millón de euros (1,52 millón de dólares) en el fideicomiso para Yasuní que administra el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

En el mismo tono, la presidenta costarricense Laura Chinchilla defendió la inclusión del capital natural de los países dentro de las cuentas del producto interno bruto, un tema que aparece tocado marginalmente en la declaración final. El capital natural incluye la masa de recursos como tierra, agua y minerales.

A su vez, la gobernante anfitriona Dilma Rousseff destacó que la erradicación de la pobreza figura en la declaración final como "el mayor desafío global que el mundo enfrenta".

Entre tanto, millares de manifestantes protestaron en el centro de Rio de Janeiro, unos 20 kilómetros de distancia del sitio de la cumbre, por causas que van desde indígenas que reclaman sus derechos a la tierra hasta ambientalistas que rechazan como débil la declaración final discutida por los gobernantes.

Uno de los grupos que se manifestaron estaba compuesto por ciclistas que llegaron desde diferentes partes de Brasil y el exterior para manifestar su oposición a los vehículos movidos con combustibles fósiles.

"Los carros son responsables de gran parte de las emisiones de carbono en el mundo y por las dificultades de locomoción en las grandes ciudades. Hay que pensar en formas alternativas de transporte", dijo el ciclista franco-brasileño Phillipe Lima, quien pedaleó durante 12 días desde Brasilia para llegar a Rio de Janeiro, a 1.000 kilómetros de distancia.