Veinte años después de albergar la Cumbre de la Tierra, Río de Janeiro centra otra vez el debate global sobre el futuro del planeta, pero ahora convertida en una ciudad "de moda", por su condición de sede del Mundial de 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016.

"Río de Janeiro evolucionó mucho desde la Cumbre de 1992. Y no estoy hablando sólo de seguridad, que era la principal preocupación en aquella época y de hasta hace poco tiempo atrás", dijo a Efe el alcalde de esta ciudad brasileña, Eduardo Paes.

"La pacificación de las favelas es algo concreto que cambió el día a día en nuestra ciudad", agregó el alcalde de Río, ciudad anfitriona de la Conferencia de la ONU sobre Desarrollo Sostenible Río+20, que reúne hasta el viernes a unas 50.000 personas, entre ellas cerca de un centenar de jefes de Estado y de Gobierno.

La adopción de una nueva política de seguridad pública hace pocos años y, principalmente, la instalación de puestos policiales permanentes en barriadas que antes eran dominadas por pistoleros permitieron a Río de Janeiro mejorar su imagen, asociada durante años a la libre circulación de narcotraficantes.

Según estadísticas de la Secretaría de Seguridad, el número de homicidios en el estado del que Río es capital cayó desde 7.635 en 1992 a 4.286 en 2011. Esa reducción llevó la tasa de asesinatos por cada 100.000 habitantes a 26,5, frente a los 57,9 de hace veinte años.

La reducción de la violencia permitió que las autoridades brasileñas desplegaran esta semana un plan de seguridad menos ostentoso y con menos policías y militares que en 1992, cuando la ciudad fue militarizada y era posible ver blindados con los cañones apuntados hacia las favelas.

"La interferencia de los militares en esta ocasión es la mínima posible", según el general del Ejército Adriano Pereira, jefe del Comando Militar del Este.

Además de más segura, Río es hoy un nuevo polo de inversiones. La ciudad se benefició de la estabilidad económica y de las políticas de distribución de renta que le permitieron a Brasil convertir a 30 millones de pobres en consumidores.

El aumento de la renta de la población (la renta per cápita dobló desde el 2000) y el descubrimiento de gigantescos yacimientos petroleros frente a su costa convirtieron a Río de Janeiro en un importante destino mundial de inversiones productivas.

La Federación de Industrias de Río de Janeiro calcula que este estado recibirá entre 2012 y 2014 inversiones productivas por 106.000 millones de dólares, que lo convierten en la región que concentra más inversión por kilómetro cuadrado en el mundo.

Esas inversiones buscan en parte atender los negocios surgidos por la condición de Río como sede de la Río+20, así como de la Copa de las Confederaciones y del Encuentro del Papa con los Jóvenes, ambos en 2013, del Mundial de fútbol de 2014 y de los Olímpicos de 2016.

Sin embargo, la ciudad está lejos de ser un modelo ambiental y aún sufre con graves problemas de saneamiento, contaminación e infraestructura.

Según datos oficiales, el 14,4 por ciento de los 11,8 millones de habitantes del área metropolitana de Río de Janeiro vive en viviendas inadecuadas, el 15 por ciento de las residencias del estado carece de red de alcantarillado y el 12 por ciento no cuenta con suministro de agua por tubería.

Si en 1992 la principal preocupación era garantizar la seguridad de los presidentes, esta semana es abrirles paso en una ciudad embotellada, hasta el punto de que el alcalde decretó el cierre de las escuelas y universidades entre el miércoles y el viernes en un intento de reducir el flujo de vehículos.

La flota de vehículos saltó de 1,8 millones en 1992 a 2,5 millones este año, sin que aumentasen proporcionalmente las vías.

Paes, sin embargo, destaca algunos avances no sólo en cuestión de tráfico sino también sanitarios, como el reciente cierre del Aterro de Gramacho, el mayor vertedero de basuras de América Latina.

"Veinte años después vamos a recibir a más de cien jefes de Estado con el Aterro de Gramacho cerrado y con un nuevo corredor expreso para autobuses de 56 kilómetros de extensión que reducirá a la mitad el tiempo que la población (de la zona oeste de la ciudad) pierde actualmente en el tráfico", dijo a Efe el alcalde.

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Carlos A. Moreno