Episodios que conmocionaron México como la matanza de Tlatelolco en 1968 y la de Corpus Christi en 1971 son recordados en el Museo de la "Memoria Indómita", que ha abierto sus puertas en el corazón de la capital mexicana para exigir justicia por los cientos de desaparecidos políticos.

"La muerte nos hace descansar, pero la desaparición no mata ni deja vivir; es la tortura perenne, esa incertidumbre de no saber qué pasó con ellos", aseguró durante la inauguración del centro el pasado jueves con la voz entrecortada Rosario Piedra, hermana de Jesús Piedra Ibarra, desaparecido en 1974 en la norteña ciudad de Monterrey.

La desaparición de Jesús Piedra, acusado de pertenecer a un grupo armado, y la incansable lucha de su madre Rosario Ibarra, sentaron las bases para la formación del Comité Eureka integrado por madres de detenidos durante la "Guerra sucia" en México (1960-1970)

Ahora esa organización y la de "HIJOS por la Identidad y la Justicia, contra el Olvido y el Silencio" son las impulsoras de este "centro de la memoria" ubicado en un antiguo edificio restaurado de dos plantas, que desde 1923 albergó un cuartel de bomberos, ahora cedido por el Gobierno de la capital mexicana.

Fotografías, vídeos, testimonios e incluso anotaciones de diarios personales conforman una muestra que hace honor a la frase del escritor uruguayo Eduardo Galeano inscrita en la entrada: "Los desaparecidos no desaparecen, ni desaparecerán mientras estén vivos en la memoria de quienes se reconocen en ellos".

Tania Ramírez, del colectivo HIJOS, opinó en declaraciones a Efe que en México "no existe una conciencia clara de que la desaparición forzada no es algo nuevo sino que sucedió hace décadas", lo que crea una sociedad cada vez "menos exigente" con el Estado en cuanto a las garantías que debe preservar.

Hija de Rafael Ramírez Duarte, desaparecido en julio de 1977, esta joven de 34 años, especializada en derechos humanos, considera que las desapariciones actuales, mucho más numerosas, son una continuación del clima de impunidad que se creó en décadas anteriores ante la ausencia de juicios y castigo a los responsables.

"Cientos de desaparecidos durante los sesenta, setenta y ochenta generan un escenario de desinterés, de falta de atención, de no procuración de justicia, de no cuidado a las familias, a las víctimas, y en ese entorno la impunidad se instala", agregó.

Aunque el Comité Eureka tiene contabilizados 552 desaparecidos de índole política desde el primer registro de 1969, Ramírez cree que pueden ser muchos más, porque la organización sólo tiene en cuenta casos que le han sido denunciados directamente.

A la inauguración del centro, al que Ramírez insiste que no se llame museo porque lo que ahí se expone "aún está vivo", asistieron familiares de desaparecidos, personalidades de la cultura como la célebre escritora Elena Poniatowska, y algunas de las pocas personas que fueron puestas en libertad tras ser secuestradas.

A Laura Gaitán, psicóloga de 55 años originaria de Chihuahua, la apresaron en 1974 cuando tenía 23 años junto con su hijo de apenas dos años y, según relata a Efe, la llevaron a un recinto militar donde sufrió torturas físicas y psicológicas. Pero a los tres meses Gaitán que pertenecía al Movimiento de Acción Revolucionaria fue liberada y ahora puede contarlo.

"Yo tenía la idea de que a mí me iban a matar. Pero un día simplemente fueron por mí al sótano donde me tenían y me trasladaron a la central camionera para que me fuera a mi casa a Chihuahua con indicaciones de que no llamara a nadie, de que me matarían si volvía a meterme en asuntos políticos", explicó.

"Es algo que no debes de olvidar, lo debes de tener siempre presente; es peligroso que se olviden esas historias. Esta casa tiene así la acogida de todos los sentimientos, de todos los dolores, de todas las esperanzas", indicó emocionada.

Una de las salas del centro acoge la campaña fotográfica "Los desaparecidos nos faltan a todos" en la que han participado numerosas personalidades, como el cantautor Daniel Viglietti, Poniatowska y la periodista Carmen Aristegui.

Precisamente Poniatowska, que ha realizado trabajos sobre la matanza de Tlatelolco y las desapariciones forzadas, relató cómo un día intentando consolar a Rosario Ibarra le preguntó por qué lloraba y ésta le contestó que lo hacía porque su hijo, allá donde estuviera, podría estar mojándose.

"La desaparición es la peor forma de tortura", agregó tajante la escritora, quien indicó a Efe que "hay que recordar para no repetir los mismos errores"