La secularización, la emigración, la globalización, la crisis económica, la proliferación de sectas religiosas, el consumismo, el nihilismo y el hedonismo obligan a una nueva evangelización, según el documento de trabajo del próximo Sínodo de obispos, presentado hoy en el Vaticano.

El prelado Nikola Eterovic, secretario general del Sínodo de Obispos, presentó hoy el "Instrumentum laboris" (documento de trabajo) de la XIII Asamblea general ordinaria del Sínodo de Obispos, que tiene como lema "La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana", que se celebrará del 7 al 28 de octubre próximo en el Vaticano.

Este sínodo coincide con el Año de la Fe, convocado por Benedicto XVI, que comenzará el 11 de octubre próximo en conmemoración del 50 aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II y del 20 aniversario de la publicación del catecismo de la Iglesia Católica.

El documento subraya que en este tercer milenio hay que buscar nuevos métodos y nuevas formas expresivas para transmitir al hombre contemporáneo "la perenne verdad de Jesucristo, ya que sólo una fe sólida y robusta propia de los mártires puede dar ánimo a tantos proyectos pastorales y estar a la altura de las necesidades del hombre y de las expectativas de las sociedades actuales".

El documento, de 80 páginas, ha sido confeccionado con las propuestas enviadas por 114 conferencias episcopales, 13 iglesias orientales en comunión con Roma, 26 dicasterios de la Curia Romana y la Unión de los Superiores Generales de congregaciones.

Está dividido en cuatro temas: Jesucristo, Evangelio de Dios para el hombre", "tiempo de nueva evangelización", "transmitir la fe" y "reavivar la acción pastoral".

El Instumentum laboris subraya que la nueva evangelización no significa un "nuevo evangelio", ya que Jesucristo -señalan los obispos- es el mismo ayer, hoy y por los siglos.

"Nueva evangelización significa dar una respuesta adecuada a los signos de los tiempos, a las necesidades de los hombres y de los pueblos de hoy, a los nuevos escenarios que muestran la cultura a través de la cual expresamos nuestra identidad y buscamos el sentido de nuestras existencias", precisa el texto.

El documento aboga para que el sínodo infunda energías a las comunidades cristianas y al mismo tiempo dar respuestas a las múltiples exigencias que surgen hoy en la Iglesia.

La Iglesia -precisa- está llamada a confrontarse con transformaciones sociales y culturales que están modificando la percepción que tiene el hombre de sí mismo y del mundo y de su modo de creer en Dios.

A este respecto, los obispos expresan su preocupación ante el abandono de la fe por muchos cristianos en sociedades que a lo largo de los siglos han estado impregnadas del Evangelio y donde ahora ha desaparecido.

Son sociedades, principalmente del primer mundo, occidente, señala el texto, donde se difunde "la indiferencia, el secularismo, el ateísmo y el consumismo".

El documento denuncia que se asiste en la sociedad actual a la "eliminación de la cuestión de Dios" y que la ciencia y la tecnología propician que en un mundo digitalizado y globalizado se haga de la ciencia "nuestra religión".

Pero esa situación no sólo afecta a Occidente, el documento señala que en otras partes del mundo se difunden vertiginosamente las sectas de matiz religioso.

Ante ello, subraya el texto, "sólo una nueva evangelización puede asegurar el crecimiento de una fe límpida y profunda, capaz de hacer de estas tradiciones una fuerza de auténtica libertad".

El texto denuncia que en la sociedad actual se piensa que no se debería anunciar a Cristo a quienes no lo conocen, ni favorecer la adhesión a la Iglesia, "pues sería posible salvarse sin un conocimiento explícito de Cristo y sin una incorporación formal a la Iglesia".

"Si bien los no cristianos pueden salvarse mediante la gracias que Dios otorga a través de caminos que El conoce, la Iglesia no puede ignorar que cada hombre espera conocer el verdadero rostro de Dios y vivir ya aquí la amistad con Jesucristo, el Dios con nosotros", afirma el documento.

El texto señala asimismo la necesidad de que las comunidades cristianas encuentren energía y que vuelvan a ofrecer a los hombres la propia experiencia, también considera a las familias básicas para la nueva evangelización y señala que la parroquia tiene que convertirse en un centro misionero y de testimonio cristiano.